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Martes 25 de abril de 2017
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Opinión

· 10 de marzo a las 13:32hs

Soja, pesticidas y modelo de país – Por Silvio Mario Peduto

CARTA DE LECTORES

Si bien me encuentro disfrutando unos días, de descanso anual, no puedo dejar de comunicarme con El Norte en movimiento para acercar algunos elementos de juicio más acerca de cómo se trata periodísticamente el tema de los agroquímicos, que tanto nos preocupa y al que nuestro periódico le viene dedicando destacados espacios con el fin de informar a nuestros lectores.

Primer caso

En la edición del diario Página 12 del 1º de febrero del corriente año, en su página 14, se lee bajo el título de “Paren con el glifosato”, lo siguiente: “La Defensoría del Pueblo de la Nación reclamó a la Comisión Nacional de Transporte (CNRT) el cese del uso de glifosato para controlar la vegetación en vías férreas y áreas urbanas. Anselmo Sella, adjunto a cargo de la Defensoría, recomendó a la CNRT instruya a las empresas concesionarias y las unidades operativas para que suspendan la aplicación de glifosato, destacó que el problema se registra en muchas zonas urbanas recorridas por el ferrocarril, y reveló haber recibido múltiples reclamos de vecinos en Capìtal Federal y otras zonas urbanas.” Así de escueto y descriptivo.

Segundo caso

El diario La Arena del 9 de febrero pasado en página 4, reproduce un cable de la agencia oficial Télam por el cual el Movimiento Campesino de San-tiago del Estero – Vía Campesina (Mocase-VC) denuncia que “un miembro de la comunidad fue atacado por un empresario y sus siete sicarios quienes a punta de escopeta lo obligaron a caminar desnudo por el campo y lo amenazaron con violarlo y asesinar a su familia.” Lo narrado constituye también una mera descripción de lo ocurrido sin indagar en los porqué de esa acción violenta; que, por otra parte, como es de público y notorio conocimiento, vienen soportando casi todas las comunidades aborígenes de nuestro noreste y noroeste. No se dice allí que la violencia ejercida tiene una razón cual es la de liberar el terreno de seres humanos o de monte para anexarlo al agronegocio y al cultivo de la soja.

Tercer caso

El Norte en movimiento de la primera semana de febrero de 2013, en su página 19 reproduce una nota del doctor Medardo Ávila Vázquez, neonatólogo y pediatra, integrante de la red de Médicos de Pueblos Fumigados, quien fuera querellante en el histórico juicio del barrio Ituzaingó Anexo de la ciudad de Córdoba, donde por primera vez fueron juzgados y condenados dos actores principales del drama que, en ese barrio cordobés, comenzara más de una dé-cada atrás cuando a sus pobladores, literalmente, se los fumigaba sobre sus cabezas. Fueron encontrados culpables de contaminación ambiental dolosa, a raíz de fumigaciones ilegales el agricultor Francisco Parra y el piloto aeroaplicador Edgardo Pancello y, si bien las condenas no fueron todo lo severas que deberían haber sido, la sentencia del tribunal interviniente sentó jurisprudencia y tuvo una enorme repercusión nacional e internacional según La Voz del Inter-ior, del 26 de agosto del año pasado (http://www.lavoz.com.ar/barrio-ituzaingo-anexo/fallo-historico).

Volviendo al doctor Ávila Vázquez, su extensa nota no deja lugar a dudas acerca del desastre humano y ambiental que se está produciendo en el interior de la patria a raíz del modelo de agricultura industrial y contaminante, exportador principalmente de soja y sus derivados al cual el gobierno y la oposición, salvo escasísimas excepciones, adhieren sin fisuras ya que todos acuerdan con este modelo. Dicho modelo de país sojero contaminante inmola en el altar del agronegocio y de la ganancia fácil las vidas humanas que sean necesarias sin importarles tampoco las consecuencias ambientales trágicas que está generando. Las páginas de diarios y revistas, tanto en papel como en soporte virtual comienzan a descorrer el velo de un tema en el que no se incursionaba. Entre otros, Clarín (25/1/2013), en informe especial de página 3, sus-tentado en información oficial (http://www.ambiente.gov.ar/?idarticulo=10364), advierte acerca de los desmontes de bosques nativos que se están producien-do en la Argentina: se perdieron un millón de hectáreas en sólo dos años. Ello se debe a “la tala indiscriminada que avanza aún en las zonas donde está prohibida por ley.” A pesar de la vigencia de la Ley Nacional 26.331, “se continúan desmontando superficies (con especies en peligro incluidas) para luego alfombrar sobre todo con soja.”

Algunas conclusiones provisorias

No es un secreto que tanto Página 12 como la agencia Télam de noticias, expresan al oficialismo nacional. Resulta un tanto revelador que el diario mencionado, en una nota de escasos 8 centímetros por una columna de ancho, se haga eco de lo solicitado por el Defensor del Pueblo de la Nación y resalte las quejas de los ciudadanos porteños y de otras localidades del conurbano. La aparente preocupación periodística por dar a conocer los reclamos formulados de la Defensoría del Pueblo de la Nación en apoyo a las denuncias de los habitantes de la “gran urbe” no se compadece con lo que acontece en el interior rural argentino, cada vez más despoblado. No existe en el suelto periodístico mención alguna acerca de que el glifosato constituye el principal componente de la mezcla de venenos (los demás son el 2-4.D, la atrazina, el endosulfán, el paraquat, el diquat y el clorpirifós) que se vierte por cientos de millones de litros en el medio rural argentino. Tampoco del terrible daño que esa mixtura de agrotóxicos produce en los seres humanos, en la biodiversidad, en el aire, en el subsuelo y en todo lo que toca.

Decía que me inquietaba el tratamiento que se le da a las noticias. El mismo puede ser más o menos destacado, se puede profundizar o quedarse en la medianía de la superficie y la mera descripción de los hechos sin explicación alguna; o, se puede optar por investigar a conciencia acerca de un tema. En los casos de los medios oficiales, la no explicación de porqué se utilizan masivamente los agrotóxicos, es para no tener que aludir al modelo instalado e institucionalizado. En lo que hace a Clarín si bien en dicho informe alude al desmonte forestal para suplantarlo con soja, no se debe olvidar que desde el suplemento rural de los sábados, se apoya desde siempre el modelo instituido del agronegocio basado en insumos, lo cual para su columnista principal, Héctor Huergo, constituye una verdadera “revolución” (sic). Aunque parezca mentira, y como se ve, todos están en consonancia con el modelo de país adoptado, sobre el que nos venimos ocupando desde hace largo tiempo en este medio y que nos condena a los argentinos al despoblamiento forzoso del interior rural, a un ambiente degradado, a la pérdida de la biodiversidad (todo lo cual constituye un verdadero “ecocidio”) y al hacinamiento promiscuo de los trabajadores, subocupados y desocupados con sus familias, en las grandes urbes, malvi-viendo y soportando la estulticia, los engaños y las dádivas de los supuestos dirigentes para con ellos, sus “clientes”; todo lo cual, está muy lejos de la digni-dad y de la justicia social que debiera, supuestamente, guiarlos en su acción política.

Debe quedar claro entonces que los agroquímicos son imprescindibles a la vez que funcionales al modelo de país instituido, uno no existe sin el otro. El modelo de país constituye “el bosque”. Por su parte, los pesticidas constitu-yen el árbol que oculta ese bosque. Por circunstancias diversas, cada tanto se coloca el árbol delante del bosque para evitar mencionarlo, mucho menos discutir sobre el fondo de la cuestión. La discusión se debe remitir solamente a la cantidad de metros a la redonda de una localidad que debieran existir para fumigar “de manera sustentable” y sin afectar a la población.

¿Qué se debe discutir hoy en la Argentina?

Sobre lo que hay que discutir es sobre el modelo instituido de país en donde el logro del lucro fácil y rápido está por encima de la salud y la vida de los argentinos. Ahora bien, ¿siempre fue así?; acaso, ¿qué panorama presen-taba la actividad agrícola antes de que en el verano de 1996, Felipe Solá -a la sazón secretario de Agricultura de la Nación- autorizara la soja transgénica RR que soportaba el glifosato? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir aguantando los alarmantes índices de incremento de las enfermedades no transmisibles, producto de la mega pulverización masiva del campo argentino, padecida por quienes aún insisten en quedarse en sus lugares? ¿Hasta cuando el atropello y las muertes? ¿Por qué se ocultan y no se divulgan los resultados de las investigaciones de los doctores Andrés Carrasco, Jorge Kacsewer, Raúl Horacio Lucero, Medardo Ávila Vázquez y tantos otros?

Así en un juego de simulacros, hacemos de cuenta que somos un país soberano pero no lo somos. Ningún país del mundo lo es cuando dilapida sus recursos naturales manejados por las megacorporaciones que operan “a piac-cere” en el interior despoblado de la Argentina; tampoco se es soberano cuando los poderes estatales permanecen impasibles frente al panorama de que, a buena parte de su población, se la condena a convivir con venenos que más tarde o más temprano acabarán con ella. Para concluir, cito nuevamente a La Voz del Interior: “La extensión de cultivos de soja y otros granos, cuya exportación a precios muy altos ha contribuido a un aumento sustancial del superávit comercial, no puede justificar el daño generalizado al ambiente y a la salud de las personas. Esta es la lección que deja la larga lucha de las madres de barrio Ituzaingó Anexo, que acaba de reconocer la Justicia de Córdoba en un fallo ejemplar y aleccionador.” ¿No será hora de que las imitemos y comencemos a juntarnos y a debatir si éste es el modelo de país que queremos para nosotros y nuestros descendientes? (Santa Rosa)

Silvio Mario Peduto

1 comentario

  1. Héctor M. Pitencel

    Es un artículo muy interesante y preocupante. De poder colaborar a Vta. entera disposición. Lo que no entiendo es el logo PAREN CON LAS PLANTACIONES FORESTALES ¿En que afecta esto? Agradecería me expliquen.
    Un saludo
    H.M. Pitencel

    5 junio, 2013 a las 8:36 pm · Responder

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