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Viernes 24 de marzo de 2017
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Opinión

· 31 de julio a las 12:23hs

Salgamos de la Soja y retomemos el camino de la Liberación Nacional

Editorial del sábado 30 de julio de 2011 en el Programa Horizonte Sur

En estos tiempos preelectorales podemos experimentar el modo cómo los pensamientos y sentimientos más rastreros, los discursos vacíos e hipócritas, y el incentivo a un modo de razonar confrontativo y que no conduce más allá de los mezquinos objetivos de ganar a cualquier precio, van imponiéndosenos en un ambiente cada vez más nocivo. En el fondo ninguno de los responsables de estos despropósitos se propone cambiar nada, sino tan solo aprovechar las posiciones conquistadas, defenderlas de los que las pretenden o acaso procurar otras más redituables para sus miserables propósitos. El grueso de la partidocracia es como los carroñeros que siguen a su presa cuando olfatean la proximidad de un desenlace. En este caso es peor todavía, porque son ellos mismos los que con sus acciones de gobierno o acaso de desgobierno, apresuran ese desenlace. Han debilitado la trama del tejido social, han extraviado en el común el sentido de la soberanía y de lo nacional, han doblegado con miserias sin cuento y con asistencialismo, la autoestima de los argentinos y la fuerza y la dignidad de lo que fuera nuestra clase trabajadora.

En las últimas semanas algunos pocos hechos dan cuenta de un estado casi terminal de la vida política y de la moral pública de los argentinos. Entre ellos que un Juez de la Corte, tal vez uno de los más respetados, tenga seis departamentos con mujeres en estado de prostitución; el otro, que en la ronda de los jueves en la Plaza de Mayo, la suegra de Schoklender haya tenido que dar sus vueltas protegida por un grueso batallón de la policía para evitarle los reclamos de los albañiles a los que la Fundación Sueños Compartidos no les ha pagado sus sueldos. Mientras tanto, el proceso electoral continúa tal como ha ocurrido en la provincia de Santa Fe y se anticipa en la provincia de Córdoba, profundizando el parcelamiento político en el que todos se dividen y debilitan, quedando de esa manera sujetos a las presiones futuras de los que a nivel nacional manejen la caja de los recursos. Cuando las ideologías y las camisetas partidarias poco importan, porque lo substancial son los negocios, se comprende lo ocurrido en la provincia de Das Neves: dos elecciones permitieron colocar en el gobierno a un opositor que no bien terminado el recuento de los votos, se pasó al gobierno.

Sin embargo, de pronto y porque todavía Dios y el espíritu de Ilia Prigoyine permiten que la Argentina continúe siendo un país absolutamente imprevisible, las situaciones que parecían encaminadas, se salen de madre, la delgada capa de lava enfriada se resquebraja y el subsuelo de la Argentina profunda y ese magma del que nos hablaba Rodolfo Kusch, estalla una vez más bajo nuestros pies y sale a la superficie. Lamentablemente, la sangre la ponen siempre los mismos sectores: los parias y los condenados de la tierra, a los que los oportunistas y manipuladores domesticaron largamente con planes y marxismo para que dejaran de soñar la revolución nacional y la justicia social, y para que agobiados por su miseria, lucharan ahora tan solo para tener un terrenito donde levantarse un rancho. Y la situación es tal hoy en la Argentina, que los más pobres se juegan la vida por un lote, así están las cosas. Leamos a Martín Caparrós a propósito de su nuevo libro, respecto a ciertas ideas implantadas en la izquierda acerca del peronismo y con sus palabras evitemos tener que forzarnos a imaginar las que nosotros diríamos: “Cuando era muy chico e intentaba ser revolucionario y peronista, con perdón, siempre había algún viejo -¿treinta, cuarenta años?- zurdo aguafiestas que venía a decir que el peronismo era la forma en que los patrones argentinos más inteligentes o más temerosos habían desviado y desarmado las reivindicaciones obreras para que no amenazaran al sistema capitalista. Yo, por supuesto, entendía que el pobre tipo no entendía la historia y lo miraba por encima del hombro con desdén y un poco de cabreo. Ahora, muy a menudo, me siento como aquellos viejos, y no siempre me gusta. Y peor: si el peronismo de izquierda era una versión descafeínada, mistificada de los grandes movimientos obreros, el kirchnerismo aparece como una versión mistificada, descafeinada de aquel peronismo: reflejo del reflejo, degradación platónica.

El peronismo era entonces, según los modos tradicionales de interpretarlo desde la izquierda y al decir de Caparrós, algo así como la política de los patrones con la que se habrían desviado las reivindicaciones obreras, para hacerlas triviales y que no amenazaran al sistema capitalista. A pesar de ello, en aquellos tiempos reformistas y populistas al decir de tantos, en que los trabajadores supuestamente carecían de la conciencia de la clase obrera, los jóvenes se jugaban tal como lo hiciera Darwin Passaponti muerto frente al diario Crítica en el año 1945, como lo hiciera Tito Bebilaqua cuando fuera asesinado en 1960 siendo soldado conscripto, o como lo hiciera Felipe Vallese en 1962 por no delatar a sus compañeros de la Juventud Peronista, como se jugaron tantos y tantos otros miles de argentinos que dieron su vida por la causa del Pueblo, y se jugaron porque la idea de la Revolución Nacional los arrebataba y porque se estaba dispuesto a los mayores sacrificios para lograr modificar ese destino semicolonial impuesto a la Argentina y cambiarlo de manera radical por un camino de Liberación Nacional que nos permitiera tener Patria para todos… Ahora, en cambio, pareciera que gracias a las muchas derrotas sufridas, así también, como a muchos años de adoctrinamiento en contra de aquellas concepciones populistas, nacionalistas, reformistas y burguesas, las cosas han cambiado y los jóvenes mueren luchando para que los contratados del ferrocarril privatizado pasen a planta o para conseguir un lote donde levantar un miserable ranchito tanto en el Parque Indo americano como en las afueras de ciudad Libertador. O sea que cuando teníamos la conciencia alienada se luchaba por la Revolución y ahora que tenemos la conciencia de clase se lucha por pasar a planta o conseguir un lote en una villa. ¿Alguien cree acaso por ventura que estamos mejor ahora, conducidos por estas vanguardias supuestamente “lúcidas” que mientras suelen respaldar los procesos de escala y hasta la sojización, desarrollan versiones de izquierda del neoperonismo, del maoismo o de sus muchas variantes de izquierda al mejor estilo del siglo XIX? Yo que, probablemente me he quedado en el pasado, creo que estábamos mejor cuando según estos teóricos sufríamos de conciencia alienada y esa izquierda nos menospreciaba por burgueses y por reformistas.

Es que el proceso por el cual los Agronegocios se apoderaron de nuestro país ha sido despiadado. No quedaron espacios ni roles sin llenar, como si cada uno de los protagonistas cumpliera a rajatabla la tarea que le fuera asignada. Desde el suplemento de Clarín Rural a los diversos decanos de la FAUBA, desde los funcionarios de Agricultura a los cuadros superiores del INTA y del SENASA, desde la cúpula de los partidos a la Universidad direccionada mediante subsidios y financiaciones para la investigación en Biotecnología. Todos aportaron con su acción o con sus silencios. Pero también aportó a ese proceso una izquierda que organizó mediante planes y comedores a los pobres de toda pobreza, a los expulsados del campo y de la agricultura, para que reclamaran más y más asistencialismo, además del derecho a vivir en la ciudad, silenciando para siempre el crimen de haber sido arrancados de sus tierras, expulsados de sus lugares de origen y facilitando de esa manera el desarrollo brutal de las mayores escalas de producción y de exportación.

Todos aportaron de esa manera, al combo terrible de la soja y del asistencialismo… y lo terrible es que lo siguen haciendo, que continúan aportando a ello cada día. Lo vemos en las variadas listas progresistas donde muchos de esos supuestos líderes son candidatos del sistema. Están ahora en esas listas cobrando su miserable estipendio por tantos años de batir el parche hablando de los derechos de los piqueteros y de que no tenemos suficientes planes de viviendas en las ciudades. Es la paga por sus silencios y por sus omisiones, o acaso por los aportes realizados. Mientras tanto, los más pobres siguen como en una tragedia, muriendo a manos de la policía o de los empresarios del agronegocio y de los biocombustibles como en este caso los Blaquier. Hasta ahora tuvimos cerdo y futbol para todos, aunque en realidad no era para todos, sino apenas para los que lo necesitaban o para aquellos a los que era necesario adormecer… ahora parece que lo que viene es palos para todos y en verdad, tampoco será para todos, sino que será para los pobres, para los indigentes y los que molesten al sistema. Algunos continuaremos siendo los nostálgicos que persistiremos en recordar una época en que no solo teníamos una fábrica nacional de aviones en Córdoba que era única en su tipo, sino que sobre todo, teníamos una Patria para todos… aquellos sectores de la izquierda que por error u omisión optaron por intentar democratizar los programas como Argentina trabaja, irán quedando paulatinamente descolocados o acaso deberán integrase al sistema del que abjuran. Las políticas del asistencialismo y del derecho a vivir en la ciudad, no se compatibilizan con las luchas por la Liberación Nacional. Más todavía en épocas terribles como la que vivimos, cuando los colapsos económicos amenazan las principales economías del mundo y hacen imprevisible el destino de los países como el nuestro, atados a la exportación de materias primas y comodities a los mercados globales. Si tuviésemos otra dirigencia, si tuviésemos una dirigencia mínimamente preocupada por el futuro de los argentinos, se estarían elaborando a todo vapor los planes de contingencia necesarios a las situaciones que se prevén tal como el default norteamericano o las crisis europeas, y que en el plano internacional a nadie se le escapan. Es probable sin embargo que lo absolutamente previsible nos sorprenda una vez más en las peores condiciones, mientras los funcionarios se dividen entre los que piensan con estulticia que la crisis planetaria puede beneficiarnos y los que proponen frente a la crisis del capitalismo occidental con mayor aún insensatez, la conveniencia de subirnos al tren del nuevo imperio chino.

Es por eso que queremos terminar este editorial recordando que hace mucho tiempo, un 10 de mayo de 1846, el General San Martín, refiriéndose a la heroica resistencia que ofreciera Mansilla y sus hombres en la vuelta de Obligado a la flota anglo francesa, le escribió una conmovedora carta al Restaurador Don Juan Manuel de Rosas. En ella le decía: “Mi querido amigo: Sarratea me entregó a mi llegada a ésta su muy apreciable del 12 de Enero; a su recibo ya sabía la acción de Obligado. ¡Qué iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto, que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca: a un tal proceder, no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor, si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria, si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España. Convencido de esta verdad, crea usted mi buen amigo, que jamás me ha sido tan sensible, no tanto mi avanzada edad, como el estado precario de mi salud, que me priva en estas circunstancias ofrecer a la patria mis servicios, no por lo que ellos puedan valer, sino para demostrar a nuestros compatriotas, que aquella tenía aun un viejo servidor cuando se trata de resistir a la agresión la más injusta y la más inicua de que haya habido ejemplo…”

Extendamos el concepto de naciones europeas que manejaba en aquellos años el Libertador a las Corporaciones trasnacionales, a los mercados globales, a los viejos y nuevos imperios, y tendremos un mandato muy claro a seguir en esta hora en que parece tan extraviado el proyecto del ser argentino. ¡Salgamos de la Soja y retomemos el camino de la Liberación Nacional!

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