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Martes 19 de septiembre de 2017
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Opinión

· 14 de enero a las 20:16hs

El progresismo y la despreocupación por el entorno ecológico

Editorial del sábado 12 de enero de 2013 en el Programa Horizonte Sur

Es inherente al progresismo la despreocupación por el entorno ecológico. Para Félix Guattari, tal como lo expresa en su clásico libro Las tres ecologías, la falta de reconocimiento y comprensión del entorno ecológico expresa una limitación de nuestra humanidad, una inmadurez o acaso un renunciamiento a reconocer como parte de nuestros crecimientos como seres humanos, ese hábitat en el que vivimos. De tal manera, muchos, con una pobre humanidad limitada en el puro tener o poseer, actúan y planifican, tal como si el ambiente fuese inagotable, como si la Naturaleza, pudiese recuperarse de todas las agresiones de manera indefinida, como si pudiese reponerse de todos los abusos que se llevan a cabo cada día, siempre, sin que siquiera nos preocupemos. No hay límites entonces para la explotación de los recursos, no hay agotamiento de los bienes naturales que puedan preocuparnos… Es decir que, en todas sus operaciones comerciales y en sus proyectos, para estos sectores progresistas, empresariales y tecnocráticos, lo ecológico no existe como preocupación ni cómo objeto de prevención. Sencillamente no lo ven, no lo tienen en cuenta, es algo que está dado, que se sobrentiende que existe y que no se calcula ni se protege. Tan solo, que, últimamente, y sacando experiencias de tantos reclamos masivos de las poblaciones afectadas por sus horribles prácticas, suelen añadir a sus discursos que siempre nos prometen la felicidad de consumos o niveles de vida superiores, alguna frase puramente formal que expresa preocupaciones sobre los probables impactos sobre el entorno, y la promesa de que, las consecuencias sobre el medio ambiente serán minimizadas. No solo son expresiones insinceras a las que obligan los usos correctos, sino que en realidad, el concepto de “impacto” es en sí mismo engañoso e hipócrita, ya que da la sensación sobre el oyente despistado de referir a una situación inevitable, algo que hubiese sido imposible prever o siquiera considerar por quienes llevaron la obra adelante. Por eso insistimos en considerar las ”consecuencias”, no los impactos, dado que, estamos convencidos que, todos los efectos producidos pueden ser calculados perfectamente dado el alto desarrollo de tecnologías de evaluación existentes. Por supuesto que, para calcularlo debería haber algún interés o preocupación en considerar hacerlo. Cuando uno conversa del tema con los técnicos y profesionales de las empresas y corporaciones, también con los funcionarios progresistas a cargo de estos proyectos, profesionales y funcionarios formados ellos las más de las veces, en Universidades, paradójicamente pagadas por el pueblo, acostumbran reconocer que no existen las tecnologías sin riesgos ni daños sobre el entorno, y que sencillamente es necesario frente a esos costos ambientales, tener en cuenta las ventajas de disponer de ellas, en especial cuando un ambiente impoluto ya no existe. Verdad de Perogrullo qué, parecería eximirlos de la responsabilidad de continuar dañándolo de manera creciente y por lo demás, despreocupada e irresponsablemente.

En realidad, la justificación que intentan, nos recuerda los llamados daños colaterales de las guerras modernas, mal llamadas quirúrgicas por su imaginaria precisión en los ataques, o acaso las consecuencias del llamado fuego amigo, que puede ser de interés funcionarial el explicarlo de esa manera, nunca por supuesto, podría serlo por parte de las víctimas, a las que poco podría interesar que el fuego que las liquida sea amigo, poco amigo o enemigo. Los argumentos de los sicópatas a cargo del poder político suelen repetirse, de manera casi monótona, recuerdo en la localidad en que vivo cuando en los noventa, el Intendente del PJ, entonces menemista, ahora por supuesto kirchnerista, permitió que se asentara en medio de fábricas de lácteos, un incinerador de residuos tóxicos. El horno pirolítico tal como se lo denominaba de manera eufemística, parecía principalmente destinado a quemar las pinturas excedentes de la fábrica de automotores de Macri padre, método sin dudas más económico para él que modificar las tecnologías y usar en sus empresas pinturas no contaminantes… Más económico para Franco, no por supuesto para las innumerables potenciales víctimas que tuvieron la desgracia de vivir cerca del incinerador de marras. Ante el reclamo de los vecinos, el Intendente respondía como un consumado sofista: ¿Acaso a ustedes no les gusta tener un auto? ¿Por qué no quieren hacerse responsables de cómo se resuelva el tema de las pinturas sobrantes? Evidentemente, el hombre apelaba al espíritu patriótico y de sacrificio de cada uno, siendo poseedor de un automóvil, era necesario aportar con el propio cáncer de cada quién y con las enfermedades respiratorias de los niños, a la suprema necesidad que nos convocaba sacrificarnos por el resto de los poseedores de automóviles!

Algo que siempre me ha sumido en hondas y penosas reflexiones es el observar cómo los mismos que durante años hicieran una cruzada a nombre de los derechos humanos, los que impulsaron las campañas contra el terrorismo de Estado, algunos de ellos familiares inclusive de los desaparecidos, pueden permanecer indiferentes cuando no, ser ahora como funcionarios, directamente corresponsables de millares y millares de muertes provocadas por las consecuencias de sus políticas. Es aterrador haber observado en muchos de esos sectores y durante años, la mayor indiferencia ante tantos niños nacidos deformes como consecuencia de las prácticas agrícolas o industriales que muchos de ellos respaldaban como parte del apoyo entusiasta a los planes del Gobierno progresista. El hecho de que las víctimas devengan victimarios me resulta horrible. Existen barrios construidos por las Madres de Plaza de Mayo en el Chaco y en cercanías de sojales, donde las crónicas periodísticas reconocen como evidente lo que tantas veces denunciamos, que en cada una de las casas, hay al menos un niño nacido con discapacidad. Pensemos que esa situación se extiende a todo el país y que la Argentina sin tener mayores desarrollos industriales que lo justifiquen, debe ser de los países con mayores índices de discapacidad y problemas neurológicos, originados en su gran mayoría en la fumigación con agrotóxicos, así como en la absoluta despreocupación política de los Estados por la contaminación, y por lo demás, como consecuencia de la ingesta de comida chatarra, industrializadas con una enorme proporción de materias provenientes de sojas transgénicas.

Durante años hemos denunciado las previsibles y cada vez más notorias consecuencias de la implantación en los años noventa del modelo de los Agronegocios y de una agricultura química de monocultivos transgénicos, en reemplazo brusco de una sustentabilidad centenaria basada en la rotación de agricultura con ganadería. Cómo tantas otras profundas transformaciones habidas en los últimos años, fue imposible abrir algunos debates sobre el tema que, desde entonces no hizo sino aumentar y profundizarse. Depositamos no obstante, esperanzas en cada uno de los candidatos electos que se sucedieron desde aquellos años, pero más allá de sus promesas generalizadas o de sus desconocimientos sobre el tema, una vez en los cargos de gobierno no hicieron sino tomar como propio el discurso de la sojización y de la Biotecnología, como si fuesen parlamentos propios del poder que los esperaban ya redactados, en sus podios y escritorios de Diputados y de altos funcionarios. Los efectos de aquellas políticas no se hicieron esperar. Hoy la Argentina es un país fuertemente dependiente de sus cosechas de soja y de maíz transgénico. Esto significa que no solamente dependemos de los rindes y de las cosechas que exportamos, sino que también, debemos estar pendientes cada año, de los precios que se establecen para las comodities en el mercado de Chicago, situaciones que escapan absolutamente a la voluntad de los productores o del Gobierno. Esta disposición, de abastecer los mercados globales y aceptar de manera obediente y servicial, las nuevas reglas de la Globalización, establecida como un destino argentino a lo largo de los últimos años, ha facilitado en la dirigencia política un creciente y obsceno maridaje con los grandes pooles sojeros, con los exportadores, con los grupos financieros y con los organismos internacionales que proyectan sobre el Planeta las políticas de los mercados. En ese sentido suele resultarnos dificultoso saber quiénes toman ciertas decisiones, a quiénes responden ciertos funcionarios elegidos para ocupar importantes cargos de Gobierno, y dónde se deciden algunas políticas. Y todo ello, más allá de los simulacros habituales con que el progresismo suele ocupar la atención de los argentinos, entre ellos, las confrontaciones permanentes que son parte de los juegos del Poder, que se imaginan como verdaderos distractivos para enmascarar la realidad última que implica la subyacente situación de Colonialidad, y que tenemos que aprender a dejar de lado como maraña de una virtualidad que nos oculta la verdadera realidad.

Todo lo anterior viene a cuento, porque me parece que tanto para el kamporismo como para las diversas tendencias que se definen como peronistas y seguramente también, para el grueso de la funcional oposición política, el maridaje que viene de los años noventa es como un tobogán del que resulta difícil sino imposible, bajarse aunque lo quisieran. En esta situación de supeditación, sucede que los sicópatas insaciables que gobiernan el mundo, preocupados por la crisis energética global que no es más que la consecuencia de un creciente consumo desenfrenado, están dispuestos a poner en marcha planes extremos que les aseguren nuevas provisiones de gas y de petróleo, aunque con ello arriesguen la continuidad de la vida de millones de seres humanos. Sus representantes y gerentes locales, a los cuales una parte importante de la población argentina vota cada cuatro años y confunde con su propio gobierno, también en este caso han seguido de forma rápida las directivas recibidas en las últimas visitas a los centros de Poder donde la Presidente se entrevistó con David Rockefeller, George Soros, Susane Segal y Eduardo Elsztain del Consejo Judío Mundial. Los nuevos modelos de explotación / depredación se llaman Fracking o fractura hidraúlica y ya el Gobierno argentino ha firmado convenios entre YPF y la empresa Chevrom, la ex Stándar Oil para realizar fracking en varias zonas de la provincia de Neuquén y se amenaza con repetir estos convenios sobre la provincia de Entre Ríos.

Veamos qué dice Wikipedia acerca del Fracking. La fracturación hidráulica o fractura hidráulica conocida en inglés como fracking es una técnica para posibilitar la extracción de gas y petróleo del subsuelo. El procedimiento consiste en la inyección a presión de algún material en el terreno, con el objetivo de ampliar las fracturas existentes en el sustrato rocoso que encierra el gas o el petróleo, y favoreciendo así su salida hacia el exterior. Habitualmente el material inyectado es agua con arena y productos químicos. Se estima que esta técnica está presente en aproximadamente el 60% de los pozos de extracción actualmente en uso. Debido al aumento del precio de los combustibles fósiles, que ha hecho económicamente rentables estos métodos, se está popularizando su empleo en estos últimos años, especialmente en los EE. UU. Existe una gran controversia sobre el peligro medioambiental derivado de esta técnica, pues además de un enorme consumo de agua, es habitual que junto con la arena se incluyan multitud de compuestos químicos, cuya finalidad es favorecer la fisuración o incluso la disolución de la roca, y que podrían contaminar tanto el terreno como los acuíferos subterráneos.

Hasta allí Wikipedia. Digamos ahora en pocas palabras, que lo que se nos propone es un horror. Un horror peor tal vez que la sojización y que la megaminería, un horror que amenaza con devastar la provincia de Neuquén y que en caso que se lleve a cabo en Entre Ríos, podría llegar a contaminar todo el acuífero Guaraní que es una de las más importantes reservas de aguas limpias del Planeta, y que deberían heredar las próximas generaciones. Una vez producida la fractura con explosivos como si se provocara un pequeño terremoto, e inyectándose enormes cantidades de agua acompañada por ingentes cantidades de tóxicos, tanto el gas mezclado en los esquistos como estos venenos liberados, contaminan inevitablemente toda el agua subterránea de zonas muy amplias, brotando en la superficie, tanto a través de innumerables resquicios, en los mayores de ellos es recogido mediante bombas, como en los lechos de los ríos o en las canillas de las casas de quienes habitan cerca. Basta comprobar las múltiples y crecientes denuncias norteamericanas y canadienses de ciudadanos que pueden encender sus grifos de agua como sopletes y que testimonian la muerte de sus ganados y hasta de la fauna silvestre debido a que el agua devino tóxica, para saber del futuro que nos aguarda por este camino… Una vez más, afirmamos que el camino de Modernidad tardía y periférica que nos ofrece el progresimo es un camino sin retorno, un camino de ida solamente. Tomemos conciencia que las diversas alternativas políticas que se nos ofrecen en la actualidad, son parte de discursos funcionales a las nuevas dependencias. Necesitamos escapar de esta encerrona de relatos y puestas en escena que han olvidado nuestra suprema necesidad de recuperar la Nación, de generar un nuevo Proyecto de País y por sobre todas las cosas, procurar la felicidad del Pueblo argentino.

Jorge Eduardo Rulli

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