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Sábado 27 de mayo de 2017
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Opinión

· 5 de mayo a las 11:20hs

Pasado y presente del modelo extractivista y de los Agronegocios

Editorial del sábado 4 de mayo de 2013 en el Programa Horizonte Sur

En los años noventa, desde el Estado, particularmente desde el INTA y desde la entonces Secretaria de Agricultura, se propiciaron las cadenas agroalimentarias y el supermercadismo, se fortaleció asimismo, la tendencia a industrializar los alimentos y se habilitaron para su comercialización las primeras semillas genéticamente modificadas. Fue entonces, cuando nosotros como GRR comenzamos a denunciar que el país entraba en la fase del modelo de los Agronegocios y señalamos que nadie había votado esas políticas que se decidieron a espaldas de la opinión pública, políticas que inclusive la propia dirigencia política ignoraba, a veces totalmente, o sea que ignoraba el sentido y los contenidos de los cambios que se estaban sucediendo. Esos cambios estructurales que afectaban decisivamente el destino de la Argentina, acontecían en los marcos de lo que algunos como Clarín Rural, llamaron una nueva revolución verde en la agricultura y que, en verdad, no era más que el reemplazo de las labores agrícolas racionales y relativamente sustentables, que se habían llevado a cabo hasta entonces, por las prácticas de una agricultura química con uso abundante de insumos, monocultivos extendidos, nuevas formas de administrar y gerenciar la empresa agropecuaria y además, el nuevo protagonismo central de los pooles de siembra, en reemplazo del antiguo contratista que realizaba las labores agrícolas por encargo del chacarero, ahora, todo ello impulsando un modelo de agro exportación de comodities a satisfacción de los mercados globales.

Desde los años noventa hasta el presente, fueron muchas las administraciones y banderías políticas que pasaron por el gerenciamiento político de este modelo de país. Todos ellos se asemejaron en el sentido de que, parecían no conocer demasiado del tema, hasta que, a poco andar en funciones de gobierno, lo hicieron suyo y adoptaron con naturalidad, los mismos discursos que alguna vez a finales de los años noventa, habían urdido Héctor Huergo, Gustavo Grobocopatel y Víctor Trucco, este último, el presidente honorario de AAPRESID. En el caso de la Presidente CFK que, se ha convertido en una de las más entusiastas propaladoras de las bondades y maravillas de la biotecnología, de los patentamientos de genes y de las políticas de la empresa Monsanto, se dice que fueron Daniel Filmus y Adrián Paenza los que se habrían encargado de ganarla para el nuevo mesianismo tecnológico, y probablemente sin mayor esfuerzo, en una larga conversación habida durante una de sus giras, en un Hotel de la ciudad de Nueva York. Digamos que ambos gestores provienen del estalinismo y que Paenza sería nada menos que el hijo de uno de los más importantes dirigentes financieros del Partido Comunista, hombre del equipo secreto formado por Victorio Codovilla en los años cuarenta, para manejar las empresas del Partido.

A principios de los años dos mil, no eran precisamente justicialistas quienes presidían la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados Nacionales sino que eran radicales, lo cuál prueba una vez más que ciertos compromisos cortan por igual a toda la clase política. Provocamos en aquellos años como GRR y en varias oportunidades, intensos debates en el seno de la Comisión, cuestionando el modelo de los Agronegocios que se implementaba a diario y sin resistencias de los diversos sectores políticos. Aún más todavía, en esa época, la Argentina osó llevar desde la Cancillería y teniendo a Elsa Kelly como una de las mayores responsables, una demanda contra la Unión Europea ante la OMC, para conseguir que Europa retirara la moratoria establecida sobre los OGM. En esa demanda ante el Tribunal de Negociación de la OMC, nosotros como GRR fuimos Amicus curiae del Tribunal a favor de la moratoria y en contra del Gobierno argentino. En los debates de aquellos años en Diputados, nos ocurrió en más de una oportunidad, que cuando los legisladores carecían de argumentos como para resistir nuestras denuncias, lo que hacían era apelar a científicos cubanos a los que se invitaba a visitar el país y exponer en las Comisiones a favor, por supuesto, de las Biotecnologías y de la ecuación neocolonial que nos obligaba a ser exportadores de comodities y de materias primas. En aquellos años en que todavía Fidel mantenía una presencia activa en el escenario internacional, su respaldo a las políticas del Crecimiento y de la gran escala, así como de la incorporación masiva de tecnologías llamadas de punta en el Continente, aunque implicaran fuertes alianzas con las Corporaciones, tenían importante predicamento. A lo que apunto, es a que, más allá que el discurso de la sojización y de la colonialidad no les fuera propio a la mayor parte de nuestros dirigentes políticos, con la excepción de aquellos casos en que había intereses directos, la dirigencia política en general y más allá de sus partidismos, aceptaba el discurso de los Agronegocios como a un guante que le calzaba perfectamente a sus intereses. Preguntémonos entonces, ¿cuáles serían esos intereses? Fundamentalmente los de intermediar las relaciones coloniales de una Argentina dependiente. A unos les convino la urbanización forzada a que conducían los monocultivos, para implementar políticas de clientelismo o asistencialismo, a otros les convino el tipo de transportes elegido para montar un poder personal sobre todo lo que circulaba sobre ruedas y muchos fueron los que aprovecharon los fondos fiduciarios para convertirse en los nuevos agricultores urbanos que proponía Grobocopatel. Todos y particularmente un grupo de Biotecnólogos provenientes del partido comunista, aprovecharon los nuevos relatos que sacralizaban la idea de Progreso y de Crecimiento y adscribieron a las nuevas modernidades periféricas que nos proponían los mercados globales.

Ahora, desde ciertos sectores de izquierda, se pontifica acerca de que los procesos extractivos en América Latina, tienen una cierta autonomía en sí mismos como procesos económicos ligados a la Globalización y a las necesidades de los mercados globales, y que deberíamos verlos como una nueva fase del neoliberalismo de los años noventa, o de los históricos procesos de acumulación capitalista en el continente, que fueran expresados por diversas corrientes desarrollistas o neo desarrollistas. La descripción del escenario parece, en principio, bastante acertada, sin embargo esconde sus trampas. La primera es que se expone con excesiva asertividad, sobre una situación que durante años se permitieron ignorar, tal vez porque no sabían cómo descifrarla, situación que ahora pareciera resulta imposible no reconocer debido a sus extendidas devastaciones y efectos brutales sobre las poblaciones. En segundo lugar, que exponer al “extractivismo” como un concepto casi tecnocrático tal como se hace habitualmente por parte de estos sectores, refiere a un problema de conductas, y abre la posibilidad de un “extractivismo aceptable” que, pudiera tal como se dice en el caso del Litio boliviano o del petróleo venezolano, ser negociado con las corporaciones de una manera que sea admisible y positiva desde perspectivas progresistas… De hecho, el recordar tal como suele hacérselo, que fuera el neoliberalismo quién implantó en los años noventa el modelo de los agronegocios y produjo las primeras habilitaciones de transgénicos, lo que se está haciendo es exculpar al actual progresismo en el Gobierno, a la vez que ocultar sus enormes responsabilidades en la profundización del modelo, tanto como ignorar que los discursos a favor del Crecimiento, que justifican las nuevas colonialidades han sido absolutamente incorporados como propios, por estos sectores progresistas de izquierda tal como es el caso de Lineras en Bolivia, Dilma en Brasil, Correa en Ecuador, Mujica en Uruguay y Cristina en la Argentina.

En cambio de imaginar la posible autonomía de los procesos extractivos, que se daría según algunos, al margen de la voluntad o de los propósitos de los actuales dirigentes, en verdad activos gerenciadores actuales de ese modelo, creo que deberíamos tratar de comprender las razones por las que tanta dirigencia de izquierda que nos prometía el Socialismo, hoy en América Latina, hacen por lo contrario, en función de gobierno, el mega capitalismo o el Crecimiento dependiente de los mercados globales. Es por la misma razón por la que tantos intelectuales estudiosos de los movimientos sociales, que nos explican algo que ya sabemos, o sea la legitimidad de luchar contra los procesos extractivos, se esfuerzan a la vez para alertarnos, sobre la dificultad de salir de ellos, ya que supuestamente, la industrialización de nuestros países exigirá en algún momento, negociar ese mismo extractivismo con las Corporaciones, al estilo en que lo hace Venezuela o Bolivia. Es decir que, en la Argentina, esos estudiosos de las luchas populares que no son capaces de estudiar a las empresas, en verdad acompañan los movimientos sociales contra el extractivismo, sencillamente porque no están todavía en el Gobierno. Cuando lo estén, si es que alguna vez lo estuvieran, como alguna vez ocurrió ya con los intelectuales del Frente Grande y hoy ocurre con los del kamporismo, estamos convencidos que serían los primeros en justificar esos procesos y en reprimir las luchas de los pueblos tildándolas de reaccionarias o de impedir el progreso, tal como ocurrió recientemente en Bolivia cuando los campesinos lucharon por impedir la construcción de la carretera que atravesaba el Territorio indígena y Parque Nacional, Tipnis.

Muchos otros referentes de una supuesta izquierda, se esfuerzan asimismo por recordarnos qué, el kirchnerismo habría tomado y dado respuesta a muchos de los reclamos populares que se expresaron en el 2001 y el modo en que, eso les habría valido la confrontación con sectores de poder como Clarín o la Mesa de Enlace… No faltan tampoco los supuestos dirigentes campesinos, que, con retorcida picardía, nos convocan a sumarnos al gobierno para, jugando en líneas interiores con ellos mismos, modificar la relación de fuerzas y hacer posible que Cristina pueda deshacerse de Monsanto. Todos parecen prepararse para la etapa que se da por iniciada en medio del colapso generalizado: el final del kirchnerismo y un incierto poskirchnerismo de finales abiertos. Ninguno de ellos intenta comprender de manera seria el modelo de los agronegocios que sirve los mercados globales y que se sirve de los discursos y de los cuadros de gran parte de la antigua izquierda, tal como se sirve de cada uno de ellos para las diversas variables existentes entre la complicidad, las acciones distractivas, la confusión cultivada y las propuestas de maquillaje y emprolijamiento. Todos ellos son hijos de Yalta y de la Modernidad… no son capaces de imaginar una sociedad diferente y alternativa, una sociedad libertaria en que podamos cultivar la verdad y la felicidad del Pueblo. Salir del kirchnerismo en ese sentido, no solamente implicará un gigantesco esfuerzo Decolonizador, implicará también la necesidad de que millones de argentinos asuman su definitivo mestizaje americano y retornen a la Cultura del trabajo en el esfuerzo gigantesco y masivo de repoblar el campo. Se trataría de Volver a la Tierra, pero volver con otro modelo agrícola, en que el enraizamiento de las familias, la convivencialidad y la producción de alimentos sean lo prioritario. No se pueden resolver esos desafíos ni siquiera en el plano de los pensamientos y de las buenas intenciones, en la medida en que pongamos el caballo detrás del carro, y eso es lo que pasa cuándo, aún con los mejores intenciones, intentamos modificar el horror económico y social de una Argentina neocolonizada, anteponiendo los conflictos de alguna de las parcialidades a los intereses superiores del conjunto.

Jorge Eduardo Rulli

1 comentario

  1. juan de dios romero

    ACABO DE LEER ;. Los intereses multinacionales prefieren una clase política mafiosa que tolere sus acciones, a una clase política que los enfrente. La corrupción es inherente al sistema

    15 mayo, 2013 a las 4:45 pm · Responder

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