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Sábado 27 de mayo de 2017
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Opinión

· 17 de marzo a las 20:52hs

El modelo de los Agronegocios

Editorial del sábado 17 de marzo de 2012 en el Programa Horizonte Sur

El Gobierno ha quedado en manos de sectores provenientes de la pequeña burguesía progresista, sectores que arrastran todos los complejos y los lastres de haber sido cuando jóvenes “revolucionarios pasados de rosca”, y no solamente haber dejado de serlo ahora, cosa que, biológicamente, al menos como evolución del pensamiento, se justificaría plenamente, sino haber devenido con los años en todo lo contrario… y además, el tener la terrible mala conciencia de esa penosa involución a contramano de todo lo que pensaron antes y por lo que lucharon y arrastraron el país hacia los mayores desvaríos. Creo que no terminaron de comprender al mundo cuando eran jóvenes, tal vez por esa soberbia que les impidió en los años sesenta y setenta aprovechar de los grandes maestros que pudieron tener y no tuvieron, que no tuvieron porque los rechazaron con los gestos pueriles y jactanciosos de imberbes que se llevaban el mundo por delante. No comprendieron al mundo entonces, menos podemos aguardar que lo comprendan ahora, cuando la llamada Globalización deviene en una terrible complejidad. El tema sería de importancia insignificante si justamente ese sector, no estuviera decidiendo el destino de los argentinos. Que un señor llamado Boudou que toca la guitarra rockera y vive en puerto Madero, no comprenda el mundo y simplemente disfrute de las oportunidades heredadas o que sus amigos y socios le presenten en bandeja, lo consideraríamos absolutamente normal. Que una señora Alperovich aproveche la fortuna que proviene de las tiendas de su esposo, tiendas en que se venden autos a cambio de quintales de soja transgénica y no se preocupe de pensar en política, también sería propio de un sector de la clase pudiente tucumana. Que una señora Cristina proveniente de una familia relativamente humilde de Tolosa, administre los hoteles y las muchísimas propiedades que su esposo supo ganar en juicios sobre deudas impagas durante la dictadura militar y que opine de política con presunta suficiencia, porque ha cursado algunos estudios de derecho y en razón de natural sobrestimación de clase, se siente con facultades para hacerlo, también sería normal y lo veríamos como algo que nos incomoda, pero que es habitual y propio de esos pujantes sectores medios urbanos dela Argentina. El problema es que no estamos hablando de gente del común, estamos refiriendo a la sucesión en los niveles más altos de la institucionalidad política argentina. El problema es que, sectores que jamás comprendieron el mundo, porque su existencia no trascendió a los medios urbanos, al asfalto y los comentarios mediocres propios de un mundillo clasemediero, hoy gobiernanla Argentina y además de que la gobiernan, no piensan dejar de hacerlo, mientras puedan o mientras les permitamos que continúen abusando de sus privilegios, ya que disfrutan cuanto pueden de sus actuales prebendas y además se han organizado para que su descendencia los continúe, y esa descendencia se llama la Cámpora.

El Peronismo al cuál a veces refieren estos sectores y al que tampoco nunca comprendieron, fue un Movimiento de Liberación Nacional, pero no exactamente un Movimiento de Liberación propio de la posguerra como tantos otros en el mundo, sino que se conformó con elementos de pensamientos prevenientes de las tensiones políticas internas a la Argentina de aquellos años previos a la finalización del conflicto. Eso significa que sus orígenes son, en buena medida, excepcionalmente anteriores al desenlace de la guerra y por lo tanto, ajenos a los presupuestos que los ganadores de la guerra establecieron a partir de esos años, primero, con los Acuerdos de Bretón Woods en 1944, cuando en las Naciones Unidas se creó el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional; luego en 1945, con los acuerdos de Yalta, cuando las potencias triunfantes se dividieron el planeta en zonas de influencia. De allí que alguno de los líderes de los países  victoriosos considerara que la guerra no había terminado, al menos en estas tierras de América, mientras no se escarmentara a la Argentina y particularmente se destruyera al Peronismo. Nosotros como país, habíamos sido durante mucho tiempo una semi colonia de la Gran Bretaña, inclusive con un estatuto legal del coloniaje y con una historia de avasallamientos y de frustrados intentos por ser una nación independiente. Era más comprensible en aquellos tiempos, que, quienes en los años cuarenta quisieran librarnos de esas dependencias, vieran con alguna simpatía a los enemigos de nuestros enemigos, es decir a los enemigos de la Gran Bretaña; que aquellos otros muchos, que hicieron suya la historia de las potencias llamadas democráticas para tomar partido en una contienda de supuestos universales, contienda profundamente ajena y contrario a nuestros propios intereses. Estas características del proceso argentino en el contexto latinoamericano lo hacen singular y a mi entendimiento permiten imaginar las razones del odio desatado en situaciones como el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955 y luego, la particular saña de la Revolución Libertadora en retornarnos a una situación de vasallaje colonial similar a la que habíamos dejado atrás, muchos años antes. Recordemos asimismo la frase de Churchill tan conocida como oscura e inquietante, acerca de que la caída del Peronismo había sido el día más feliz de su vida.

Por supuesto que aquel odio no ha sido saciado y tal vez no pueda serlo nunca… La destrucción sistemática de la capacidad industrial de la Argentina por parte de la dictadura militar en los años setenta bajo las directivas de un Martínez de Hoz, todavía, absolutamente impune, está en relación directa con aquel antiguo mandato de hacer desaparecer al Peronismo, y la violencia contrarrevolucionaria del gobierno del Terrorismo de Estado no se explica sino en una historia que parte de los odios desatados en septiembre de 1955 conla Revolución Libertadora. Es importante decir, y hace a la tremenda fuerza histórica y revolucionaria de aquel Peronismo de los orígenes, que no pudieron vencerlo o desnaturalizarlo hasta encontrar el modo más retorcido y siniestro: destruirlo y desnaturalizarlo desde su misma gente, desde sus mismas banderas y propuestas desvirtuadas, desde los mismos ropajes y desde sus propios discursos. Es lo que hicieron desde el menemismo, en un proceso que no solo no se ha detenido, sino que prosigue, aunque ahora en otra fase todavía mucho más perversa y que es la que nos ocupa en estos tiempos aciagos y neo desarrollistas que vivimos.

Recordemos que, terminada la guerra, todo el esfuerzo bélico se concentró en lo que denominaron la Revolución Verde en la agricultura. Maquinaria pesada, semillas hibridas y venenos, muchos venenos sobrantes de los depósitos militares y que entonces se enseñaba a usar contra las plagas. Pero lo más importante, la modificación de una mirada y de una posición ante el mundo. A partir de entonces, el agrónomo, el agricultor y el científico están abiertamente en guerra contra la Naturaleza en la persona de las plagas y de las hierbas que compiten con los cultivos. Han logrado desacralizar uno de los trabajos más antiguos de la humanidad y que posibilitara la Cultura como proceso de hominización. Se trata de dominar los procesos agronómicos exterminando a los nuevos enemigos. El suelo es tan solo un soporte sobre el cuál se depositan insumos preferentemente químicos, agua, semillas, fertilizantes, herbicidas, plaguicidas, etc.  En estas prácticas en que se aplican todas las tecnologías desarrolladas durante la guerra, el agricultor dejó de observar los procesos agronómicos y comenzó a intervenir de manera cada vez más agresiva y mecánica. Esos nuevos procesos con enorme dependencia a insumos y a semillas mejoradas, llegaron a la Argentina luego de instalada la llamada Revolución Libertadora con la creación del INTA. Leemos textualmente esas memorias en Agroparlamento: “La creación del INTA en 1956 responde a la necesidad de impulsar el mejoramiento tecnológico cuyo retrazo perjudicaba el crecimiento del sector agropecuario que atravesaba un largo período de estancamiento. La Comisión de Naciones Unidas/Gobierno Argentino recomendó el impulso al desarrollo tecnológico para superar la tendencia recesiva del sector. Por esa razón, se decidió la creación de un organismo específico que debía sustentarse en: – la autarquía administrativa y financiera; – la participación del sector productivo en la conducción institucional; – la integración armónica de la Investigación y Extensión, a nivel operativo.”

No se necesitan mayores aclaraciones. Ha comenzado entonces, un proceso de cambios copernicanos en la Agricultura, pero también en las miradas y en los pensamientos que, necesariamente nos llevarán gradualmente a las actuales condiciones. Las transformaciones van a tener en forma gradual a la agricultura y a la producción de alimentos como eje de cambios, y ello no tan solo ocurre en la Argentina sino que es un fenómeno global que se acelera en los años noventa. Miles de millones de campesinos, de pequeños agricultores, trabajadores rurales y pueblos indígenas son erradicados de sus tierras, sus bosques o pastizales son arrasados según el interés de las empresas, y reemplazados por monocultivos de palma africana, de sojas transgénica o de extensos monocultivos de árboles para producir celulosa. Los cambios climáticos se aceleraron. La gente pasó a vivir en inmensas periferias urbanas de pobreza y hacinamiento. Surgieron las modernas megalópolis. La industria de los alimentos impuso nuevas modalidades tanto en la producción como en la preparación de los alimentos. Es el modelo de los Agronegocios. La ingesta de comidas chatarras creó nuevas situaciones sanitarias y se impusieron enfermedades casi desconocidas, como consecuencia de la contaminación y de la mala alimentación. La obesidad, el cáncer, la diabetes y muchísimos enfermedades autoinmunes fueron la directa consecuencia de los nuevos modos de vida en la globalización. También las plagas invadieron los hábitats urbanos como consecuencia del arrasamiento de las selvas y bosques naturales, el dengue, el hanta y la la lejmaniasis entre otras se instalaron ahora en las ciudades. Mientras las producciones aumentaron gracias a las nuevas tecnologías, a cifras jamás imaginadas, los hambrientos en el mundo pasaron en pocos años de casi un centenar de millones a más de mil millones. Las semillas genéticamente modificadas impusieron mientras tanto sus riesgos absolutos sobre los destinos de la especie, a cambio de enormes negocios de patentamientos para las corporaciones granarias. La hipótesis casi ingenua que sustentaba la transgenia en los años ochenta, era la de que los caracteres de un organismo estaban dados por determinados genes que se hallaban en el núcleo de las células. Había por lo tanto tan solo que ubicarlos primero en el ADN y lograr luego trasladarlos de un ser vivo a otro para incorporar esos caracteres donde no los hubiese. Eso abría posibilidades ilimitadas para crear en primer lugar plantas a la medida de las necesidades del agricultor, pero rápidamente se comenzaron a diseñar asimismo bebés de receta en que las visiones racistas predominaron de modo casi natural. La hipótesis era totalmente falsa, pero los negocios que posibilitó fueron fabulosos y de hecho, ahora el mundo se encuentra cubierto de los nuevos cultivos y es imposible retroceder.

La Argentina participó y participa activamente en estas transformaciones globales. Aún más, ha sido precursora en muchos de esos cambios trascendentales para la humanidad y se constituye en campeona actual de las Biotecnologías. Eso enorgullece a muchos, en especial lo haría con el finado Alzogaray, que fuera Ministro dela Revolución Libertadora y seguramente lo hace con Martínez de Hoz, que inspiró los planes económicos de la última dictadura y que hoy vive su vejez tranquila desde el edificio Kavanagh, sobre las barrancas del Retiro y frente mismo a la sede de la empresa Monsanto. Se trataba de que la Argentina aceptara volver a su tradicional rol de país agroexportador, proveedor de materias primas y de comodities para los mercados globales. Que el destino final de nuestras servidumbres sea la Gran Bretaña o ahora China, les importa poco a los administradores de esta nueva Gomorra en que han convertido a la Argentina. En su libro Megafón o la guerra, el gran maestro Leopoldo Marechal tiene un párrafo que nos expresa plenamente, para culminar este Editorial que abre inciertos horizontes y resistentes esperanzas:

“El Desierto ya estaba derrotado. Lo que seguía firme aquí era una potencialidad vacante. Un escenario vacío es una petición de Historia”

Jorge Eduardo Rulli

1 comentario

  1. juan

    muy bueno Jorge, un fuerte abrazo peronista

    juan

    19 marzo, 2012 a las 12:33 pm · Responder

1 trackback

  1. Por Programa Horizonte Sur – 17 de marzo de 2012 el 17 marzo, 2012 a las 8:55 pm

    […] Editorial de Jorge Rulli Fuente: AM 690 K24 Radio […]

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