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Miércoles 20 de septiembre de 2017
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· 20 de abril a las 13:30hs

Se hace evidente el manejo absolutamente mafioso de una dirigencia empresarial...

En Madrid siguieron la intervención de YPF como en un nervioso reality show

Crónica de los últimos días de incertidumbre en la sede de Repsol; la ocupación, “en vivo”.

Por Diego Cabot | LA NACION

MADRID.- Esperaban que el lunes pasado fuera un día tranquilo, casi una transición hacia un martes de desenlace. Pero no fue así. Hacia el fin de esa jornada de rumores, la noticia de la expropiación de las acciones de YPF ya había conmocionado los escritorios de las oficinas de Repsol en el tradicional Paseo de la Castellana, en Madrid.

Los ejecutivos de la petrolera española estaban recién llegados de la Argentina con los brazos caídos. Habrá un motivo más para quienes crean en las supersticiones: el último contacto de los petroleros españoles, encabezados por Antonio Brufau, presidente de Repsol, con funcionarios argentinos fue un viernes 13. Intentaron hablar con la presidenta Cristina Kirchner, pero, como sucede desde hace meses, no los recibió. El consuelo fue una reunión con el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el viceministro de Economía, Axel Kicillof. De ahí en más empezó la vigilia.

Los españoles se fueron de Buenos Aires con la suerte echada, con la sensación de que esa reunión, pedida con la última esperanza de conservar YPF, no había tenido sentido. Según comentaron después, el encuentro sólo fue utilizado para llenar el último casillero en la planilla estatizadora. “No podían decir que ni siquiera nos recibieron”, comentó, con la decisión consumada, un alto ejecutivo de la petrolera.

Durante el encuentro, los directivos preguntaron cuáles serían los pasos del Gobierno. “No lo sabemos. Depende de lo que decida «la señora»”, contestó uno de los interlocutores. Cada pregunta que se hacía era contestada con la misma fórmula: “Depende de «la señora»”.

Sin ninguna respuesta, Brufau y los suyos partieron a la Torre Repsol-YPF, en pleno Puerto Madero. Fue la última vez que la pisaron. Horas después, sus interlocutores de aquel viernes 13 de abril eran los mandamases de la petrolera.

El domingo 15 Brufau ya estaba en España. En la reunión del consejo directivo de Repsol del lunes 16, se preveía tocar temas postergados, como la presentación y aprobación de un logo nuevo para la operación en España. Justamente, además del logo, se iba a aprobar la eliminación de la sigla YPF tanto en el diseño como en la marca. Con los hechos consumados, los ejecutivos juran que la eliminación de YPF en la denominación estaba decidida hacía tiempo y que, justamente la complicada coyuntura en la Argentina llevó a que esos temas se postergasen. Ese lunes era el día indicado.

Los días previos al anuncio de la Presidenta habían sido frenéticos. Por los escritorios de la petrolera pasaron ocho proyectos de ley distintos sobre el destino de Repsol. No había ningún interlocutor válido y la llave regulatoria que compró Brufau con el ingreso del grupo Petersen ya no abría ninguna puerta.

Por estos días, casi no hay diálogo entre los dos grupos empresarios. La desorientación se impuso en los pasillos españoles de Repsol. No entendían qué había pasado para que De Vido hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo. El ministro tenía continuos encuentros con los ejecutivos de YPF. Al menos una vez por semana se reunía con alguno de ellos. Ahora De Vido no los visitaba, no los recibía y ni siquiera contestaba sus llamadas.

Haciendo historia reciente, los españoles recuerdan una reunión en la que el CEO de la compañía, Sebastián Eskenazi, discutió con la Presidenta. Pero jamás imaginaron que las consecuencias de aquel día los llevarían a perder la mitad de sus reservas probadas.

El lunes, en el Paseo de la Castellana ya tenían la información de que “la señora” había pedido salir en cadena nacional. El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, se había encargado de que se enterasen por una vía indirecta. Se prepararon para el anuncio. Mientras la Presidenta recitaba el discurso, los principales ejecutivos de Repsol, en Madrid, y sus hombres de confianza en Buenos Aires mantenían una teleconferencia. En la imagen porteña que se reproducía en España empezaron a verse pantalones y zapatos que caminaban detrás de un vidrio esmerilado. Desde Madrid preguntaron quiénes eran. “Vinieron a echarnos”, contestaron desde Puerto Madero. Sólo quedó empacar y marcharse.

Apoyo de la UE al reclamo español

MADRID (EFE).- “Cuando alguien ataca a España, ataca al conjunto de la Unión Europea”, declaró ayer la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, al señalar que “no se puede llevar uno la propiedad de otro”. Prometió “ayuda a España para que resuelva este problema”.

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