Grupo de Reflexión Rural Volver a la Tierra Facebook GRR Defensa de Monte y Selva Paren plantaciones forestales
Contacto
Jueves 21 de septiembre de 2017
Publicado por

Opinión

· 20 de junio a las 00:56hs

Los jirones del simulacro

simulacro

Es la hora de la desolación de los progresistas, esta hora que vivimos, hora de escándalos y bolsones de dólares y euros robados al Pueblo más pobre y a la posibilidad de que los argentinos no nacidos tengan un país mejor. Esta hora difícil para muchos puede ser, y de hecho lo es también, la hora de los exorcismos, el momento de buscar inverosímiles caminos para tratar de escapar momentáneamente del bochorno y de los sentimientos de culpa. Es la oportunidad para recurrir a los miércoles de ceniza y las liturgias diversas con que reparar las culpas y volver a poder mirarse en el espejo.

Pero no son muchos los que se animan a enfrentar la hora más negra con la dignidad que no tuvieron cuando se festejaban asimismo los doce años de felicidad y de disfrutar de lo que llamaban el poder. Ahora somos testigos de los exabruptos inverosímiles de Gerardo Romano, las contorsiones pseudo filosóficas de Dolina o los dislates de Cristina que, tomándonos una vez más por tontos nos asegura que, al menos ella, no le dio esos dineros a López. Mientras tanto, miles sino millones de argentinos que creyeron en Néstor y en Cristina, que siguieron sus razones y sus estrategias venales, y que por lo demás, los votaron una y otra vez encandilados con la fiesta del asistencialismo y del Capitalismo de amigos, tienen ahora por delante un camino áspero que recorrer.

Resultará inevitable que lo hagan, y sólo podemos rogar para que esta suma de procesos individuales dolorosos no redunde en un generalizado descreimiento de la política y en nuevas e irreparables desesperanzas. Suponemos y tememos sin embargo, que pocos de ellos serán capaces de aprovechar esta crisis para interrogarse sobre los caminos equivocados que recorrieron y acerca de los simuladores y de las razones que tantas veces expusimos de que en la Globalización, eran las burguesías corporativas las que elegían a sus gobernanzas y que preferentemente las elegían en las llamadas izquierdas y sólo en las derechas como ahora, cuando las primeras fracasaban.

A pesar de los oídos tapiados por la soberbia, dijimos y explicamos eso tantas veces; nos anticipamos asimismo a dar a conocer y prevenir de la cercana experiencia del Brasil, en que millares de militantes que trabajosamente durante los últimos treinta años habían construido el Partido de los Trabajadores como una opción para lograr cambios revolucionarios, ahora sentían no sólo que habían fracasado al producir un instrumento que servía generosamente tanto a las políticas de corrupción como a las nuevas colonialidades, sino que también tomaban conciencia de que ya no tenían margen para un nuevo esfuerzo y que habían invertido y malgastado en ese objetivo ahora frustrado buena parte de la propia vida. Que tengamos que repetir de manera tan torpe y tan estéril las experiencias conocidas y cercanas nos parece a nosotros particularmente injusto y doloroso; sentimos que refiere a la profunda incapacidad de los seres humanos de aprender de los propios errores. Pensamos también que refiere a situaciones que exceden al común y que en este caso se relacionan con las derivas fantasmales tanto del Peronismo como del marxismo y que en estos momentos, en que en las luchas por el poder ya no intervienen las ideologías sino los intereses y los sentimientos, nos cuesta mucho aceptar que aquellos ropajes espectrales sirven a tan espurios como variados fines, según el ambicioso que los instrumente.

Lo importante es que ahora, frente a la tragedia argentina, comprendamos que más que el colapso del progresismo, esta tragedia será también el colapso moral y de la conciencia de miles de militante; que es verdad que esos militantes nos dieron la espalda durante años, sordos a nuestras razones, que nos borraron de sus agendas, que nos excluyeron o nos expulsaron de los espacios de la política y que acallaron nuestras voces cuanto pudieron. Sin embargo, debemos reconocer que hoy, acongojados por la sensación enorme de vergüenza ajena y por los sentimientos de co-responsabilidad y de fracaso de las mayorías, sólo nos preocupa cómo recuperar un Proyecto Nacional y el destino de la Patria que ha quedado en manos de esa burguesía prebendaria que fuera cómplice primero de la dictadura militar, más tarde también del menemismo y luego del progresismo en el gobierno, y que ahora ha triunfado en elecciones aprovechando el camino que le abrieran los desvaríos y el ánimo depredatorio de una izquierda posmoderna, y aprovechando la ausencia del pueblo que alguna vez tuvimos y que fuera liquidado tanto por la dictadura como por los asistencialismos clientelares del progresismo. Haremos lo posible para que esas multitudes tantas veces defraudadas, que hoy solamente se reconfigura y constituye como Pueblo en la rebeldía y en la insurgencia, encuentre las condiciones que necesita para volver a un protagonismo decisivo.

Dejá tu comentario

Tu email no será publicado. Campos requeridos *