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Sábado 27 de mayo de 2017
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Opinión

· 16 de julio a las 10:11hs

El implacable e irracional reinado de la Globalización

Editorial del sábado 14 de julio de 2012 en el Programa Horizonte Sur

El Carrusel gira cada vez más rápido y nos entretiene. Las figuras son de madera, pero cobran vida y adquieren roles definidos. Alguna de ellas muy suelta la cadena, muestra con desdén una foto en un diario de España, otro se indigna frente a la multitud descubriendo lo que siempre debió haber visto o haber sabido, alguno se mantiene impasible y seguramente es más de madera que el resto de las figuras. Hay muchos otros también, que desfilan ante nuestros ojos, personajes extraviados, rufianescos, envanecidos de su pequeña huella en el mundo e inconscientes de sus crímenes hacia la población y hacia la Naturaleza: cientos de protagonistas y partiquinos de la tragedia argentina. Hojear los diarios cada mañana es asistir al ritual del carrusel de cada día. El infinito suceder de un guiñol montado no para develar la realidad, sino para ocultarla. Somos un país laboratorio, un país que produce y que se alimenta de sojas transgénicas. Somos el país de Tinelli, la sombra postrera de lo que quisimos ser, la burla de nuestras mejores ambiciones. La Argentina del parche y de las políticas de coyuntura, la Argentina del siempre repetido volver a empezar. Un país que extravió las memorias de sus sueños de ayer y que hoy se resigna a sobrevivir en los márgenes del mundo, como mero proveedor de forrajes y de biocombustibles.

Las figuras del carrusel en épocas de Globalización, no gobiernan ni tienen mayor poder que el de jodernos un poco cada día. El verdadero Poder hoy se encuentra en otra parte, seguramente lejos, en algo que se conoce como mercados globales y que en la tómbola de los precios de las comodities, gobierna nuestras vidas y decide nuestros destinos. El mundo de la Globalización es como un monstruo insaciable que no puede detenerse, aunque quienes conducen sepan que la aventura del hombre no puede acabar sino en un colapso planetario y en el fin inevitable de la civilización industrial. Mientras tanto, la pulsión del crecimiento arrastra hacia delante, el monstruo consume cantidades astronómicas de petróleo, de gas, de porotos de soja y aceite de palma, carne de salmón, pasta de papel, litio y otros minerales raros, alimentos industriales, agua. Países que en la historia fueron el centro del mundo como Grecia y España, hoy han devenido en penosas colonias financieras por milagro y obra de los mercados globales. Abundan cada vez más, los países donde los pueblos continúan votando a sus políticos tradicionales y optando entre izquierdas y derechas, pero dónde los ministros deben consultar a los bancos antes de tomar las decisiones. Metrópolis de ayer, que han devenido colonias de nuevas colonialidades financieras. Ahora, pese a la creciente crisis y al enorme desempleo, España cerrará sus minas de carbón en Asturias porque el interés de los intercambios globales impide los autoabastecimientos. Es respondiendo a esos intercambios globales que cada país exporta e importa en similares cantidades, mientras que los productos que provienen de los otros extremos del mundo tiene precios inferiores a los que se producen localmente. Es el implacable e irracional reinado de la Globalización.

Basta distanciarse un poquito de los acontecimientos que nos marean y aturden desde los medios, y por exceso de información, para tomar conciencia que este camino de la Globalización, nos conduce a un desastre. Basta igualmente distanciarse un poquito del exceso de información y de confrontaciones en lo local, para tomar conciencia que el embeleso que nos produce a diario el carrusel y sus fantasías, también nos conduce a nuevos y terribles fracasos. Debemos aceptar, sin embargo, que no es fácil salir de la huella en la que estamos. Hace mucho que nos acostumbraron al consumo y que nos hicieron deudores impagables. Hoy, lamentablemente, son las limitaciones a la compra de dólares lo que suscita encendidas indignaciones, más que las humillaciones cotidianas a la dignidad nacional o a los abusos ciudadanos propios de una democracia falluta. Tal vez vivamos la última generación de argentinos que guarda memoria clara de épocas en que primaron las aspiraciones a reencontrar la grandeza de la Nación Argentina. Mientras ellos sucumben en el olvido, un pensamiento posmoderno extendido desde los intelectuales colonizados, ha posibilitado la fragmentación y la desmemoria de nuestro Pueblo. Es hora sin embargo, de comenzar a poner las cosas en claro. Es hora también, de retomar una historia interrumpida y rescatar del olvido los sueños que tuvimos. Somos muchos los que estamos aprendiendo a poner distancias del teatro de guiñol de los simuladores y ocuparnos de construir el propio destino. Por doquier surgen grupos y voluntades que asumen las nuevas tareas de la reconstrucción nacional. Surgen muchos pioneros que generan procesos alternativos de autosubsistencia, procesos que nos permitan reconciliarnos con la Tierra, que esclarezcan a los jóvenes sobre las memorias del pasado y que disputen en el Universo de las comunicaciones populares los discursos del progresismo desarrollista. Ellos, los simuladores, los desarrollistas progresistas, no pueden ofrecernos más que horizontes de colapsos, no tenemos entonces, demasiadas opciones sino las de luchar por nosotros mismos, a partir de nuestras propias fuerzas. Es lo que hacemos cada día y cada día somos muchos más, para la gran tarea de procurar la Liberación Nacional con Soberanía Alimentaria.

Jorge E. Rulli

1 comentario

  1. juan de dios romero

    Jorge, Abu Gurayb esta tambien en Salta y los medios no lo dicen o lo expresan como una “particularidad” local o folklorica

    25 julio, 2012 a las 1:28 pm · Responder

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