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Sábado 22 de julio de 2017
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· 26 de noviembre a las 23:38hs

Las graves consecuencias climáticas del paradigma civilizatorio

Estamos los seres humanos, como nunca antes en la historia de la especie, sometidos a las graves consecuencias de un paradigma que niega en su ceguera, nuestra pertenencia a la Naturaleza y nuestro destino cósmico.

La globalización, en plena fase de desarrollo, deja ver contundentemente sus peores consecuencias en la vida del Planeta y en la miseria de las grandes mayorías populares que sufren los efectos de una carrera hacia el abismo de la destrucción anunciada.

Las catástrofes generalizadas que se producen por el Cambio Climático y que aumentarán globalmente, impactan directamente en la extinción de la biodiversidad y someten a porciones cada vez más importantes de la Humanidad a la intemperie de un suelo desolado y sin respuestas para las mínimas condiciones de vida.

Las reiteradas dilaciones en la búsqueda de la necesaria contención a tanta incertidumbre, ha sumido en la desesperanza los mejores intentos por reencauzar el desborde de los proyectos productivos y de acumulación que, a contramano de lo esperado, proponen soluciones tanto o más nefastas que las que nunca sirvieron para atenuar, siquiera mínimamente, el agravamiento de la avaricia planetaria.

Estamos convencidos que no pueden generarse soluciones climáticas sin atacar las causas primeras que están en la matriz civilizatoria de la modernidad. El clima obedece así a las reiteradas agresiones de un paradigma de saqueo y apropiación que no puede contener los procesos desatados y ni la previsibilidad de sus consecuencias.

Venimos a Cancún, como en otros escenarios anteriores, a resistir los nuevos y sofisticados mecanismos propuestos por quienes debieran asumir las mayores responsabilidades, con la certidumbre que nos encontraremos con nuevas y artificiosas propuestas de mitigación y atenuación del Cambio Climático que, una vez más, ignoran los equilibrios naturales y pretenden someternos a sus ingenierías financieras y de todo tipo, poniendo precio a la casa común que nos contiene.

Mientras la racionalidad económica de esta etapa del capitalismo global intenta nuevas y peligrosas aventuras haciendo de la biosfera un mercado de oportunidades, especulaciones y falsas soluciones, la sumatoria de la crisis ambiental, climática, alimentaria, energética, cultural, potencia las peores certidumbres del proceso del Cambio Climático.

El Cambio Climático no obedece ya a las necesarias fluctuaciones naturales en un universo en expansión, sino a la exacerbación de las leyes económicas de un proyecto global de producción. Es una pequeña porción de la Humanidad, la que extiende su dominio sobre todos nosotros y sobre la Madre Tierra; es el núcleo duro del capitalismo senil y del neocolonialismo hegemónico el que nos ha llevado a este incierto destino.

El Cambio Climático global se ha convertido así en una Catástrofe Climática donde las vastas regiones y pueblos que la padecen deben sufrir las consecuencias del impacto sin haberlo provocado; somos los que estamos fuera del juego de los imperios y las corporaciones los que pagamos el mayor tributo a tanta aberración.

Desde el Grupo de Reflexión Rural de la Argentina hemos sostenido, desde nuestro inicio, la resistencia activa y reflexiva al paradigma civilizatorio modernizante; hemos enfrentado en nuestra Patria obstinadamente el modelo productivo concentrador de saqueo y contaminación, defendiendo la capacidad de decisión Nacional y la Soberanía frente a las corporaciones y los gobiernos sometidos a los imperativos globalizados.

Sufrimos en nuestro inmenso y variado territorio, las consecuencias de la Catástrofe Climática, que destruye los ecosistemas y arrasa con sus poblaciones, en la misma medida en que se va imponiendo un modelo productivo de monocultivos transgénicos y extractivismo primarizado.

Un país que supo ser granero del mundo se encuentra hoy reducido a mero exportador de insumos para engorde animal en lejanas latitudes.

Las variaciones climáticas han servido para ampliar las fronteras agrícolas más allá de la otrora fértil Pampa Húmeda, hacia las maravillosas selvas y montes del norte y las estepas patagónicas, sometidas hoy a la voracidad de los megaproyectos alentados por las transnacionales agroalimentarias y los poderosos Estados expansionistas que caen sobre nuestra tierra en nuevas variantes de apropiación agrícola, complementada con la gran minería a cielo abierto y la sangría petrolera e ictícola de nuestra plataforma marina continental.

También produciendo inmensas tormentas de tierra como resultado de la ausencia total de vegetación en los suelos poscosecha por el cultivo transgénico y herbicidas, vuelan la riqueza orgánica del mismo suelo y se suman a las intensas sequías y lluvias torrenciales que modifican la geografía nacional desertizando vastas regiones o alterando irremediablemente los delicados equilibrios ecosistémicos de bosques y de selvas.

El calentamiento global en nuestra región tiene como su mayor fuente de emisión, mucho más que la quema de combustibles fósiles, la acelerada expansión de la agricultura industrial y su contraparte, la acelerada destrucción de los bosques y selvas primarios, en una implacable lógica productivista que no se detiene en la mera producción de piensos y aceites, sino que, destina hoy nuevos territorios a la producción de agrocombustibles de soja y de caña de azúcar y comienza a cercenar territorios provinciales para convertirlos en enclaves granarios coloniales de las nuevas potencias emergentes, caso de la Patagonia Norte en convenio firmado en octubre con el Estado chino.

Por otra parte, la aparición en nuestra América mestiza de gobiernos democráticos y la relativa estabilidad institucional, que alentaban en nuestros pueblos cambios de rumbo y de modelos, no han hecho más que incentivar nuestra dependencia, adoptando políticas neodesarrollistas y de extracción de bienes comunes, enmascaradas ahora en un lenguaje progresista y popular que confunde a las mayorías y encubre los planes corporativos de los poderes centrales con el ropaje del asistencialismo y la contención social de las grandes masas arrojadas a las periferias de los centros urbanos.

La experiencia enriquecedora de la Conferencia de los Pueblos realizada en Cochabamba, nos anima a comprender que nuestros padecimientos climáticos son comunes a todas nuestras naciones y a los países sometidos al neocolonialismo. Las conclusiones allí elaboradas son la base inamovible de nuestras demandas y pueden generar una voluntad concertada para detener las nuevas maniobras de las transnacionales y las Potencias que intentarán, una vez más, doblegarnos a sus intereses, repartiendo dádivas financieras en forma de bonos ambientales, ayudas tecnológicas y fórmulas de intercambio especulativo que no harán más que secuestrar nuestra determinación de vivir en armonía con la Naturaleza y en comunidad de pueblos y culturas.

El Grupo de Reflexión Rural cree necesario cambiar el destino de este paradigma de destrucción recuperando la inmensa sabiduría de los pueblos del mundo que durante milenios han podido habitar dignamente la Tierra sin alterar los equilibrios existentes.

En consecuencia, llegamos a este hermano país para unirnos en un grito común: la Catástrofe Climática puede detenerse si somos capaces de desactivar el paradigma moderno que la provoca.

Nos oponemos a llamar progreso al crecimiento sin límites, a las lógicas de la mayor ganancia y a la mercantilización de la Naturaleza.

La Tierra no es el depósito de insumos para la economía de mercado en el capitalismo globalizado.

Los Pueblos y Naciones deben ser respetados en su integridad y en sus culturas ancestrales; por eso defendemos las Soberanías Nacionales y las diversidades culturales.

El Protocolo de Kyoto es mínimamente el único instrumento legal que obliga a la reducción de emisiones de los países desarrollados.

Las compensaciones económicas no diluyen la responsabilidad de los grandes contaminadores ni obligan a nuestros pueblos a aceptar reparaciones engañosas.

Defendemos la construcción de la Soberanía Alimentaria como objetivo estratégico que garantiza la Seguridad Alimentaria de los Pueblos de acuerdo con su cultura alimentaria, sin agrotóxicos, en mercados locales y de cercanías y como expresión de la agricultura rural y campesina, frente a la agricultura industrial y de gran escala, principal emisora de GEI.

La biotecnología, el agronegocio, los transgénicos, los agrotóxicos destruyen la biodiversidad, envenenan los ecosistemas e impactan severamente sobre nuestras poblaciones.

Los bosques y selvas son los únicos ecosistemas que reciben ese nombre, las plantaciones forestales no son bosques.

Rechazamos los bonos de carbono, los MDL, los REED en todas sus variantes por ser perversos mecanismos financieros que capturan poblaciones y territorios.

Nos oponemos a todas las especulaciones que con el pretexto de preservar ecosistemas o mitigar los efectos del C.C. debilitan las fronteras nacionales, generan enclaves de reserva y confunden a los habitantes ancestrales en sus aspiraciones de identidad y autonomía.

Apoyamos la prohibición efectiva de implementar proyectos de geoingeniería y la manipulación tecnológica del clima.

Nos oponemos a toda especulación que intente posicionar a los monocultivos transgénicos y los sistemas de labranza cero como sumideros de carbono, ya que la agricultura química es una gran emisora.

Sostenemos que el paulatino abandono de los combustibles fósiles y los derivados químicos es parte indispensable de la búsqueda de energías naturales, en un retorno impostergable hacia la energía solar y sus variables no contaminantes.

Los agrocombustibles incentivan el paradigma petrolero invadiendo irremisiblemente las tierras para la producción alimentaria y el sustento de las poblaciones locales.

Queremos expresar finalmente que el hombre y la mujer son parte de la misma tierra, están constituidos de materia orgánica viva y alimentan los sueños del espíritu hacia la armonía cósmica.

GRR Grupo de Reflexión Rural

Fuente: GRR.org.ar

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