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Martes 21 de noviembre de 2017
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· 7 de septiembre a las 16:18hs

Giussepe Cocco: “No es un golpe de estado, a Dilma la echaron porque ya no servía más”

¿Cómo se vivió la primera noche después de la destitución de Dilma Roussef en Río de Janeiro?

Aquí, en Río, hubo una manifestación pero fue tranquila, sin mucha gente. En Belo Horizonte, Brasilia y Porto Alegre también hubieron manifestaciones en donde además, hubo represión policial. En São Paulo la represión fue más violenta, como en junio del 2013.

Después del impeachment que ha derrotado a Dilma Roussef, ¿se ha quedado preocupado?

No hay más preocupación que lo que ya había. Pero no es un golpe: la narrativa del golpe es una narrativa mistificada y que viene de la reelección de Dilma que estuvo cargada con un montón de mentiras y dirigida por los que provocaron la crisis económica que viene desde el 2012. En esa trampa estamos. Dilma fue destituida con un pacto interno de la gobernabilidad y que tiene dos objetivos. El primero consistía en sacarla del gobierno porque era incapaz de hacer nada más en materia económica y así aplicar las reformas neoliberales y de austeridad que ella no ha sido capaz de realizar porque no tenía condiciones políticas, ya que perdió el apoyo parlamentario: ella no ha hizo estas reformas no porque no quisiera, sino porque no lo lograba. El segundo objetivo es que este gobierno quiere confrontar a los jueces que están investigando la corrupción.
No es un golpe, es la crisis. La crisis interna del bloque del poder. La echaron porque ya no servía más. No lograba proteger a la casta contra los jueces y no lograba hacer las políticas neoliberales.

Desde su punto de vista, ¿en dónde se ve claramente que no ha sido un golpe?

Aplicaron la Constitución y echaron a Dilma con un fuerte clamor popular (millones de personas en las calles) que pedía el impeachment. Al mismo tiempo, Dilma no pierde sus derechos políticos. Si fuera responsable de la acusación que la hacen, no podría gozar de ellos ya que la Constitución así lo señala en este tipo de delitos. No hay golpe, pero sí hay un gran pacto para salvar a toda la casta mediante las operaciones contra la corrupción: desde el presidente del Senado hasta Lula, pasando por todos los dirigentes del PMDB (y del PT). Se habla del “golpe” porque de esta manera no se habla de los escándalos de corrupción, Dilma aparece como víctima de un golpe de Estado y no hay un debate verdadero de lo que pasó.

¿Cuáles son para usted los detalles que han hecho quebrar a Rousseff?

Desde hace mucho tiempo hay una situación muy preocupante. Hay como tres elementos clave. La primera aparece en las protestas multitudinarias de junio de 2013, que mostraron que los jóvenes y los pobres no querían el modelo de desarrollo impuesto por ella. La segunda comienza después de las elecciones, cuando Dilma empieza a hacer lo contrario de lo que prometió durante la campaña y en su programa electoral y el país empieza en una fase de terrible crisis económica que se traduce en una fuerte recesión: algo como el -10% del PIB per capita y con 12 millones de desempleados. Y para terminar, la operación de represión de la corrupción, Lava Jato, que ya llevó a prisión a los grandes empresarios de las obras públicas y que ahora llegó a los políticos, al gobierno brasileño: a toda la casta.

¿Cómo se presenta este gobierno de Temer?

El gobierno de Temer tiene una legitimidad muy débil, la misma que tenía Dilma, que contaba con índice de popularidad estaba más o menos en un 8%. Temer no tiene carisma, habla muy mal y no sé si logrará estabilizarse. Eso sí, tiene mucho apoyo parlamentario. Además, en estos momentos, los grandes medios van a comenzar con una campaña de apoyo para que haga las reformas neoliberales que tienen previstas. Quieren usar la eventual retomada económica para intentar reducir la operación Lava Jato. Si el PT grita por el golpe, tiene interés en este ataque a Lava Jato: golpistas y golpeados están juntos.

Y, grosso modo, ¿de qué reformas estamos hablando?

Son tres las reformas más destacadas. La primera consiste en la modificación de la Constitución que permita fijar un techo de gasto para los próximos diez años. Una auténtica locura. La segunda es una reforma que atañe al sistema de jubilación que consta de dos aspectos: aumentar la edad mínima de jubilación y separar el nivel mínimo de la jubilación del nivel mínimo del salario. La tercera es una mayor flexibilización laboral.

Temer va hacer unas reformas que ya se estaban haciéndose en el gobierno de Dilma porque hay que recordar que el partido de Temer lleva diez años con el PT. De hecho, [Henrique] Meirelles, el Ministro de Economía y Hacienda, peso pesado del gobierno de Temer, es un hombre de Lula. Fue presidente del Banco Central de Brasil durante los ochos años de gobierno de Lula. Lo que ocurre es que Dilma no consiguió terminar de hacerlas e hizo el peor de los ajustes: un ajuste desajustado.

¿Cómo va hacer Temer estas reformas? No lo sé. Será muy difícil aunque es necesario enfatizar que Temer parece mas flexible de Dilma. Por ejemplo, él ya ha cancelado el proyecto para hacer una nueva mega-represa en la Amazonia, en el río Tapajó. Dilma nunca la hubiera cancelado y se mostró inflexible con la mega-represa de Belo Monte: por si acaso peligraba el gran apoyo de la diputada (PMDB) Katia Abreu, una Marine Le Pen del agrobusiness.

Ante esta situación, ¿podría haber elecciones anticipadas o Brasil podría mantenerse con este gobierno hasta el 2018?

Seria la salida más popular. Hay un hecho que podría adelantarlas: un proceso abierto en la Corte Suprema Electoral que puede anular las elecciones del 2014 y destituir a Dilma y a Temer (por abuso del poder económico en la elecciones del 2014, algo demostrado por la operación contra la corrupción llamada Lava Jato). Ahora bien, si ese proceso no concluye de esa manera, hay que pensar que el 2018 está muy lejos y la economía no aguanta sin medidas y las únicas que hay en el horizonte son éstas, las neoliberales. Se podría aguantar si estas reformas estuvieran basadas en una retoma de las inversiones y con un apoyo de los grandes medios de comunicación.
Para mí, la mejor solución teórica desde el punto de vista democrático serían nuevas elecciones generales pero a la casta no les interesa adelantarlas. Serían a finales de año y no daría tiempo, con lo cual, generaría más inseguridad en los mercados y significaría que toda la casta se quedaría sin protección

Usted ha dicho que el PT ha creado un muro para que no haya una alternativa de izquierdas. ¿Qué alternativa de izquierdas hay para unas próximas elecciones brasileñas?

No hay. Hay una reorganización interna del sistema que incluye al PT. La única salida es que el movimiento sea capaz de hacer oposición a Temer y al PT –aunque ya está muy dañado– pero después de la represión de junio de 2013, está muy desactivado. Se necesita una movilización muy fuerte: un movimiento que sea contra Temer y no sea mistificado por el PT. Veamos si hay reacción popular después del impeachment, aún es temprano para saberlo.

En el 2018 hay una posibilidad de tener una salida moderada con el Partido REDE, la formación que encabeza Marina Silva. Es una candidata muy interesante que sería una alternativa al PT o a Temer, pero el partido de Marina es muy débil. Marina es una de las fundadoras del PT, fue la compañera de Chico Mendes, fue ministra con Lula dos veces y se peleó con Dilma –porque la que hasta ahora ha sido presidenta, ha favorecido la creación de las grandes represas, el “agrobusiness” y las políticas extractivistas en la Amazonía– y salió del gobierno en el 2007. Fue candidata en el 2010 y en el 2014 y consiguió el 20% y el 22% respectivamente. solo que la última vez fue masacrada por una propaganda infame por parte del PT. Sería una salida moderada para poder negociar la crisis pero su partido es muy débil y muy contradictorio. En él están los que apoyan el impeachment (sin apoyar Temer) y los que hablan de golpe. Necesitan definirse .

Pero en el próximo mes de octubre se celebrarán las municipales. ¿Considera que tampoco hay alternativas?

Sí, no hay alternativas. Lo que sí vamos a ver cómo se refleja lo sucedido en los partidos. Hay un pequeño partido de izquierda alternativa que se llama PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) y que en algunas ciudades puede tener un resultado positivo: aquí en Río y en Porto Alegre. También hay que ver cómo el PT resiste, porque en muchas ciudades presenta candidatos aliados con el partido de Temer, el PMDB. Hay ya un ejemplo de esta alianza: el partido de Temer gobierna en Río y el vice-alcalde es del PT. A pesar de la narrativa del golpe, continúan con la coalición.

Volviendo a hablar de los comicios presidenciales ¿Ve a Lula como candidato para el 2018 ?

Sí, sí. Si lo dejan, será un candidato competitivo en la primera vuelta, en la segunda, no tanto. No tiene más dinero y tiene un rechazo popular muy fuerte. Lo que va a hacer es un llamado de unidad de la izquierda contra Temer y va a ser el líder de esa unidad de la izquierda pero sin hacer ningún análisis de lo que ha sucedido. Él es el único nombre que tiene el PT. Pero hay también una fuerte posibilidad que Lula vaya a la cárcel.

Hoy Temer está en China porque Brasil depende cada vez más de este país económicamente y tiene que dar dinero a Petrobras porque ha quebrado, porque han robado todo lo que tenía y el PT no dice nada sobre lo que se ha hecho. Hay un montón de empresas que van a privatizar para que no quiebren y lo llaman cesión de activos. El país está quebrado por el PT, por eso me atrevería a decir que muchos saldrían del PT en octubre. Es más, hay unas declaraciones del ex-marido de Dilma que habla de cómo el partido la ha abandonado y me inclino a pensar que ella también podría irse a otro partido.

¿Podría haber una estrategia geopolítica en la zona después de los resultados electorales en Argentina, del Golpe de Estado en Paraguay?

No, eso no explica nada. El agotamiento del ciclo es global, continental pero por causa del fracaso de todas las experiencias. En Brasil, la crisis empieza en el 2012 y comienza a agrandarse, proporcionalmente, por el hecho de que Dilma continuaba haciendo políticas anticíclicas y dando miles de millones a las grandes empresas brasileñas e internacionales, sin ningún efecto sobre el crecimiento. Este fracaso comenzó a demostrarse aquí en el 2013 con un movimiento de gente increíble que mostraba que ya había problemas graves y el PT ya estaba dentro del esquema del poder. El PT en este momento hacía el discurso de la nueva clase media, sin ningún horizonte popular; destruyó las empresas estatales, no hizo ninguna reforma estructural, ni siquiera reformas que no generaran ningún problema macroeconómico, como por ejemplo la abolición del “Auto de resistencia” –una ley recogida en el código penal que permite a la policía matar a cualquier persona por un incidente en las favelas– y por la que mueren decenas de personas al día. ¿Ni siquiera fue capaz de hacer ésa en 14 años?. Tampoco planificaron una política de seguridad y vemos cómo los homicidios en Río han aumentado en un 33% en el último año.
Lo que el PT hizo fue de destruir el movimiento para quedarse en el poder junto a Temer y su partido, en la corrupción sistémica y ahora tenemos como consecuencia este gobierno explícitamente de derecha.

La crisis es endógena y es el fracaso de todas estas experiencias sudamericanas. Es la misma ceguera que tenía la izquierda con la Unión Soviética, pero Brasil no es la Unión Soviética. No hay que decir que no ha pasado nada y que todo ha sido un golpe imperialista: no es la realidad. La situación es preocupante porque no hay alternativa y la alternativas son sistemáticamente destruidas por esas mistificaciones, como la narrativa del “golpe”.

Cocco, si pudiera, ¿qué alternativa propondría?

La construcción de un movimiento contra Temer, pero sin el PT.

Nota original en: https://www.diagonalperiodico.net/global/31304-no-es-golpe-estado-es-la-crisis-dilma-la-echaron-porque-ya-no-servia-mas.html

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