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Jueves 20 de julio de 2017
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Opinión

· 2 de julio a las 20:19hs

Otra etapa de este largo y penoso proceso de neocolonización

Editorial del sábado 30 de junio de 2012 en el Programa Horizonte Sur

Estuvimos en la Plaza de Mayo para la convocatoria de Moyano, y volvimos con la impresión que se dio vuelta una página y que estamos ahora en otra etapa de este largo y penoso proceso de neocolonización, proceso en que tanto nos cuesta develar los encubrimientos a quienes nos sentimos portadores de otras miradas: miradas antiguas, rebeldes y libertarias, miradas que alguna vez primaron como portadoras de la voluntad de hacer de la Argentina parte de un mundo mejor… Escuchándolo a Moyano primero y luego viendo las repercusiones del acto, los debates televisivos y las consecuencias y reacciones por parte del oficialismo en los diarios de estos días, se tiene la certeza que lo que veníamos anunciando largamente se ha concretado, que la caja que había, tal cómo estaba, y con la que se repartían favores y prebendas, ya no existe o acaso se encuentra exhausta… o sea que, en términos sencillos, la manta ya no alcanza para cubrirlos a todos… y porque la caja o la manta ya no alcanza para todos, recomienzan las protestas, los tironeos y los discursos que revisan el proyecto que comenzó en el 2003 y que ahora, según algunos, habría sido desviado por la soberbia y la incapacidad política de quien nos gobierna… En realidad aquel presunto “proyecto”, no fue más que restitución de la institucionalidad política que se había desmoronado en medio del caos y del desfondamiento de finales del 2001. Una restitución de “la Política” que frustró toda posibilidad de generar una Argentina nueva y diferente como soñáramos en aquellos días. Fue asimismo aquel “proyecto” K, la continuación y profundización del modelo de los agronegocios instituido por el menemismo en los años noventa y descubierto por los patagónicos al hacerse cargo del gobierno, como una fuente que presumieron inagotable de recursos, tanto para el asistencialismo como para hacer de la política un enorme negocio, un negocio que tuviese a millones de votos cautivos y a un Pueblo domesticado.

Nos importa mucho aclarar estas cosas, porque en este país no hay inocentes. Las limitaciones de Moyano, que son los límites que se impuso él mismo, más allá del terrible poder que fue capaz de desplegar en esos días de confrontación con Cristina, no solo refieren a sus propios negocios con la basura y con los peajes, negocios que son su retaguardia en el salvaje Capitalismo de amigos instaurado, sino también a que en definitiva, es el líder de los camioneros que transportan la soja a los puertos de exportación, esa es su extraordinaria fortaleza y a la vez su absoluta limitación, no puede denunciar al modelo productivo que lo alimenta y del que extrae su enorme poderío. Pero asimismo, esos límites actuales del sindicalismo frente a los gestores de la política kamporista, refieren a que a diferencias de épocas anteriores en las que, supuestamente se referencian, han resignado ahora el luchar por un proyecto político y tratan de no ir más allá de sus inmediatas reivindicaciones sociales, salariales y corporativas. Esta es la terrible realidad de la crisis que atravesamos. Una conducción gerencial del modelo de neocolonización a las Corporaciones Transnacionales, ha sido gravemente cuestionada, ha sido cuestionada en su capacidad de conducir este proceso, ha sido por lo demás, desafiada en la calle y particularmente en la Plaza de Mayo, de manera mortificante para su propia autoridad y con menoscabo para toda posibilidad de mantener de modo serio la gobernabilidad frente a los intereses empresariales. Sin embargo y lamentablemente, esos sectores contestatarios, no proponen al menos por ahora, ninguna otra alternativa, no pueden hacerlo, no son capaces tampoco de tomar las riendas de un modelo en que cumplen roles secundarios tales como el transporte de las comodities o de los productos industrializados propios de las cadenas agro alimentarias y los Agronegocios. Las opciones entonces no son demasiadas, excluidas las posibles pero improbables negociaciones y arreglos entre partes, dada la incapacidad de transar de los protagonistas, teniendo en cuenta asimismo el calibre de las agresiones, el hecho decisivo que se vive en el final de la fiesta y que se disputan los restos del festín, que no se avizoran otros liderazgos que puedan ocupar el rol de administrador y representación de empresas que se cumple actualmente desde la Casa Rosada, es previsible que entramos en un proceso de francos deterioros de la situación política, situación que probablemente deparará muchos dolores y acentuará las tribulaciones de una época de extrema inequidad, desarraigos, inflación y agotamiento de los recursos.

Para quienes supimos anticipar estos cuellos de botella de los Agronegocios y de las políticas de Crecimiento que depositaban su propia felicidad en los índices del Producto Bruto Interno, tanto como en las inversiones de las empresas transnacionales, es probable que se abran nuevos espacios para intentar debates postergados, es probable también, que se abran aunque tardíamente, oídos para escuchar lo que hace mucho teníamos para compartir y que repetimos hasta el cansancio casi tan empecinada e inútilmente como frente a un muro. Durante años insistimos en que era demencial exportar petróleo crudo e importar aquellas naftas que necesitábamos para mantener el parque automotor. Lo terrible es que pese a la extrema situación de crisis energética que vivimos, eso se continúa haciendo con alevosía e impunidad. Sin ir más lejos, la actividad en Cerro Dragón tiene por objetivo, distantes mercados que se abastecen de nuestros petróleos, cuando ya no los tenemos los argentinos para nuestros propios usos y nos hemos informado del agotamiento del recurso. Pero continuemos con la memoria de estas luchas que describíamos. También dijimos muchas veces, que era impropio de una política con sentido nacional, continuar impulsando las autopistas con peaje y ese parque automotor desmesurado que tenemos, en desmedro de otras producciones o recursos absolutamente sofocados tales como el ferrocarril y la tracción a sangre.

De igual manera, así como anticipáramos que el petróleo y los recursos energéticos iban a terminarse a corto plazo, ahora insistimos en que lo que se nos está agotando es el recurso suelo. En realidad, no es el suelo en sí mismo lo que desaparece, porque se va con los barcos que se llevan la soja, sino que lo que desaparece es el suelo en cuanto a sus componentes esenciales, que son los que posibilitan la vida de la tierra y el consiguiente aprovechamiento por la agricultura: el fósforo, la materia orgánica, la vida microbiana y la de otros seres vivos fundamentales para disponer de suelos productivos. Y existe por último otro enorme despropósito que pretendemos destacar y que hasta la oposición silencia: la metropolización de los territorios, bajo la tutela de miradas excluyentemente urbanas y posmodernas. La agricultura química y en escala que sirve a las exportaciones, ha despoblado el campo y ha concentrado a millones de argentinos pobres y desterritorializados en los márgenes urbanos. Esos millones de nuevos pobres tanto argentinos como provenientes de los países vecinos, se hacinan en inmensas periferias donde toda cultura se extravía en universos de barriadas basureros, de extrema exclusión social y asistencialismo. Nos dicen a veces que es una consecuencia casi natural y propia de la globalización y de las nuevas demandas del consumo. Les respondemos que no es cierto, que en la Argentina el despoblamiento fue planeado, tanto como fue planeada la desindustrialización y la desaparición de la clase trabajadora como única manera de acabar con el Peronismo que le impedía a una clase ligada a los intereses globales poder gobernar sin mayores riesgos. Lo expresamos sin ambages, la destrucción del mundo rural y de la cultura con arraigo a la tierra es actualmente en la Argentina la política de la contrarrevolución y del genocidio de nuestro Pueblo, pero es también una espantosa política de Estado por parte del progresismo desarrollista, una política planificada y llevada a cabo de manera sistemática por proyectos como el PEA 2, por el INTA y por el nuevo Ministerio de Agricultura.

Nos rebela que muchos aprovechen estos actuales y mezquinos desgarramientos de una dirigencia que ha servido con fidelidad a las Corporaciones, para pretender debatir sobre el Peronismo, ignorando totalmente estas situaciones de extremo riesgo que nosotros exponemos, situaciones muchas veces atroces, que hacen a la existencia misma de la Argentina y que comprometen gravemente a las próximas generaciones. Lamentable o tal vez felizmente, no son bueyes los que amagan darse de cornadas impensables, sino que son escorpiones que no pueden contrariar su naturaleza malévola, escorpiones en la feliz imagen de la Señora Presidente, que navegan en el mismo bote que generaron en base a los monocultivos y al Agronegocio, y que ahora, de manera insensata, amenazan con hundir, llevados por la locura del Poder y la común soberbia. No imaginamos que en medio del ardor de las confrontaciones puedan recordar uno de los principales apotegmas que Perón enseñara y tantas veces repitiera: primero la Patria, luego el Movimiento y por último los hombres. No, no podríamos siquiera imaginarlo, aquí se trata justamente de todo lo contrario, se trata de la exacerbación de los egos y de los intereses personales por sobre los intereses del conjunto. Se trata, aún con reconocimientos generosos, de la evocación de un Peronismo clasemediero y posmoderno, que ha dejado en el camino los contenidos libertarios de una historia que les fuera ajena y de la que se han apropiado como se adueña un intruso del hogar que no le pertenece. Un progresismo desarrollista, incapaz de reconocer los sueños y la confianza ilimitada en el Pueblo y en los más humildes que ese Peronismo tuvo alguna vez. Una clase dirigente progresista, que hace propias las aspiraciones oligárquicas de gerenciar una Argentina que festeja las relaciones carnales con Monsanto, con la Barrick Gold y que, en palabras de los mandarines intelectuales de Carta Abierta, nos propone aceptar el consenso de Pekín. Lo que en verdad se nos propone sin mayores encubrimientos es el subirnos al tren chino como solución ante las crisis globales, y ello significaría operar como furgón de cola, proveedores de porotos de soja, a la vez que nos ofrecen a China como patio trasero, para el suministro de materias primas estratégicas y espacio de repoblamiento destinado a las poblaciones excedentarias de la gran fábrica del mundo.

Jorge E. Rulli

2 trackbacks

  1. Por Programa Horizonte Sur – 30 de junio de 2012 el 2 julio, 2012 a las 8:41 pm

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  2. Por Programa Horizonte Sur – 7 de julio de 2012 el 7 julio, 2012 a las 10:29 am

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