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Sábado 16 de diciembre de 2017
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· 2 de enero a las 16:25hs

El epílogo de los progresismos: nos sumamos al circo, o lo desbaratamos y comenzamos una nueva historia?

Pretendemos que el epílogo o la agonía de los “progresismos” en América Latina, no justifique el mero reconocimiento de sus límites o de sus derrotas, para excusar de esa manera el no haberlos podido comprender en tantos años que medraron y proyectaron sus fracasos sobre la sociedad, y menos aún, haber logrado definirlos de manera teórica. Esa incapacidad en simultáneo de tantos intelectuales valiosos que hallaron serias dificultades en analizar los modelos políticos de la progresía latinoamericana, pese a ser evidente que satisfacían las necesidades de los mercados globales, refieren posiblemente a lastres ideológicos que provienen de la propia formación académica, y nos referimos al marxismo y a concepciones decimonónicas y eurocéntricas, que impidieron una vez más, generar pensamientos situados en América.

Reconozcamos ahora que el fracaso de esos modelos progresistas se ha originado en buena medida con la crisis internacional del precio de las commodities, y que esto mismo debería conducirnos a reconocer su carácter eminentemente rentístico y exportador, tanto de materias primas como de energías, y por eso mismo y como su natural consecuencia, la enorme despreocupación que tuvieron y/o que tienen, hacia la preservación de los propios recursos y ecosistemas. En el sentido de las políticas rentistas, digamos que, las pasiones y enamoramientos que se acentúan entre algunos intelectuales de la llamada izquierda latinoamericana (por razones de cercanías de intereses y discursos), no deberían llevarnos a perder de vista la tragedia del llamado Socialismo del siglo XXI, en una Venezuela atada inexorablemente a una lógica petrolera rentística y a una gravísima incomprensión de la importancia de producir alimentos. Una Venezuela que pretendió un socialismo de nuevo tipo pero, atada a la modernidad y a lo urbano, careció de toda propuesta seria, tanto agrícola como de autosuficiencia alimentaria. Asimismo, deberíamos observar el paulatino derrumbe del gobierno progresista de Brasil, cercado por casos de corrupción y responsable de desastres ecológicos provocados por los agronegocios y de tal dimensión, que no sólo afectan gravemente a millones de brasileños, sino que se proyectan sobre la misma suerte del Planeta, y más concretamente, sobre la seguridad de los pobladores de los grandes ríos en los países hermanos.

Vivimos el tránsito a una nueva etapa de la colonialidad globalizada sin siquiera haber podido comprender cabalmente la etapa que dejamos atrás. Continuamos entonces, sin poder escapar de las propuestas de una Modernidad tardía y de un neodesarrollismo que difícilmente ha logrado ir más allá de un mero crecimiento, desde ya que absolutamente insustentable. Estamos pasando del Capitalismo de Amigos y de la devastación ecológica que produjo el progresismo, al gatopardismo del Capitalismo Verde y del Management Ambiental en el estilo de la WWF (World Wildlife Fund), que pareciera propiciar en la Argentina la presidencia de Mauricio Macri. Se nos impone entonces, un nuevo relato, no ya de izquierda progresista sino abiertamente gerencial y empresarial, con el añadido probable de la conveniencia y aprovechamiento de los servicios ambientales y de las áreas temáticas o étnicas.

El tránsito en el que estamos, implica una amenaza muy concreta: la de que no seamos capaces de proponer otro horizonte que el de retornar al progresismo fracasado y que, como en el Chile de Sebastián Piñera, se deba volver al pasado por ausencia de nuevas perspectivas o proyectos superadores. Es en ese sentido, que el desafío no seria simplemente el de resistir, sino más precisamente sería, el de cómo configurar esas nuevas resistencias, con qué actores y con cuáles objetivos. Y estas consideraciones nos llevan a debates sumamente ásperos en un presente que se pretende tormentoso y en el que abundan la desmesura y la sobreactuación, fogoneada por los que perdieron o acaso, y más extendida de lo que supondríamos, por el progresismo inconfeso que muchos sufrieron de manera solapada y que le permitió al anterior gobierno disfrutar de tan amplias impunidades y respaldos parciales.

Están ahora en juego los intereses particulares de quienes buscan demorar su repliegue desde las instituciones en que están abroquelados y esos discursos desmesurados sobre los derechos y sobre la Democracia que ensayan hoy a contramano del autoritarismo que practicaron largamente, encubren la defensa de sus privilegios y se mezclan con una masiva presencia de provocadores y agentes de inteligencia. Recordemos que la sistemática participación de los servicios en la política interna, ha sido una constante en la breve historia de la democracia post-dictadura, pero que se acentuó hasta el paroxismo en la etapa que termina, con Milani aupado al más alto grado militar y el perro Verbitzky controlando las carpetas de ascenso en las FFAA. Hoy la política a nivel de altos referentes dirigenciales configura una situación excepcional en que, como en una obra pergeñada por Chesterton, cada uno tiene las carpetas de todos los demás y especula en cómo usar los secretos que contienen, sin mayores pruritos. Pero, asimismo debemos reconocer que también está en juego el temor al vacío de sectores de izquierda que exceden en mucho al kirchnerismo y que han optado en los años últimos por el posibilismo y por cultivar pensamientos precarios y antinómicos, paradójicamente en medio de la reinante mayor complejidad. Las batallas que los intelectuales orgánicos del progresismo dieron en los campos de la retórica y de los contenidos de los conceptos, han dejado en la izquierda mutilaciones que impiden o dificultan la comprensión de los sucesos globales y que nos obligan a la formación de nuevas militancias jóvenes para poder afrontar los desafíos que tenemos por delante.

En su momento, consideramos al balotaje entre Scioli y Macri, como relevante para la propia comprensión del entrampamiento del que somos víctimas. Lo dijimos muchas veces, lo importante siempre estuvo ausente en los debates y en las escaramuzas verbales de esos meses previos a las elecciones nacionales, y ello implicaba con certeza algún tipo de acuerdos expresos o naturalizados para que no se debatiera sobre el modelo impuesto. A esas zonas invisibilizadas las denominamos Políticas de Estado y una y otra vez dijimos que los acuerdos para no mencionar los temas claves que hacen a la dependencia o a la destrucción medio ambiental, nos obligaban a no optar, considerando que no había una verdadera elección, sino que como en las antiguas riñas entre capuletos y montescos, se nos presentaba un similar modelo con dos caras o con dos banderías. Aquella trampa, sin embargo, funcionó aceitadamente y convocó a una parte importante de la población a legitimar con su voto una opción esencialmente fraudulenta.

Una de las primeras medidas del ganador luego de convocar a sus rivales y fraternizar con ellos, fue la muy llamativa iniciativa de avalar la continuidad del Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, y de sus planes biotecnológicos y de patentamiento de semillas. Difícilmente se hubiese hallado un modo más efectivo y hasta brutal para probar lo que veníamos afirmando, acerca de la continuidad de las llamadas políticas de Estado y del modelo de agro exportación biotecnológico que expresan. No obstante ello, sorprende la general sordina que acompaña un evento bastante insólito en la vida política argentina; me refiero a la continuidad de un ministro y de todos sus equipos en un cambio de gobierno que simula una discontinuidad importante. Aún peor, sabiendo que el Ministro consultó a la ex˗presidenta antes de aceptar la participación en el nuevo gobierno, no faltan sectores que incapaces de aceptar su propia e irremediable estulticia, lo han acusado ahora de traición. Recordemos que cuando el nombramiento se produjo, en algunas instituciones científicas debieron bajar de manera subrepticia y vergonzante las pancartas en que anunciaban que el nuevo gobierno los enviaría a lavar los platos.

Cuando se nos propuso el balotaje entre Scioli y Macri, nos anticipamos a manifestar nuestros temores de que en esa falsa opción que se nos ofrecía, y que nos apresuramos a denominar como Coca o Pepsi, se entrañaran los peligros de un porvenir de entrampamientos y que el problema no era el balotaje en sí, sino el día después, cuando se configurasen las luchas y resistencias a quien lo ganara. Muy bien, ahora estamos en esos días posteriores que entonces anunciábamos y vemos con preocupación la ofensiva en todos los frentes del progre-camporismo por encabezar lo que ya han dado en llamar y tal como temíamos, la “resistencia al macrismo”. El guante de seda del nuevo gobierno ayuda a que esos sectores perdidosos pero enquistados en el Estado, dispongan tanto de ingentes recursos como de buena parte de los mismos medios del Estado, de los que abusaran a lo largo de más de diez años y de los que el macrismo es extremadamente paciente en relevarlos. Pareciera que se facilitara el que monopolicen las contestaciones y protestas, acaso para evitar que se impongan otros proyectos que no sean los de volver a lo que ya fracasó. Tal vez porque el extendido mito del progreso sin sentido crítico y la necesidad de aferrarse a la modernidad tardía que nos ofrece el mero crecimiento, son sentimientos totalmente compartidos por ambos bandos, tan confrontados como funcionales y necesarios el uno al otro, y porque esos sentimientos son la base de sustento de una estupidez colectiva que sostiene tanto el circo del Estado neocolonizado como la ficción de la República Unida de la Soja.

Lamentablemente, deberíamos reconocer que la política hoy se resume a la extrema miserabilidad de un chantaje basado en las mayorías legislativas y que se propone la impunidad a los innumerables delitos cometidos; y estamos refiriendo en especial a la más alta investidura en relación a tráfico de drogas y lavado de dinero, a cambio de la aprobación de presupuestos y proyectos de Ley. Salir de este fangal en que el progresismo ha convertido la lucha política no será fácil, y sin dudas requerirá un gigantesco esfuerzo, especialmente en el plano teórico; un esfuerzo gigantesco que nos permita ser capaces de generar un nuevo y esperanzador proyecto que quiebre la actual antinomia funcional al modelo de neocolonialidad. Así termina entonces un año particularmente difícil y comienza otro que nos promete mayores luchas y el poder enfrentar desafíos importantes. Es mi mayor deseo que podamos estar juntos en esas peleas que se avecinan y que rescatemos tanto la conciencia del Pueblo sometida al asistencialismo y al clientelismo, como el antiguo concepto de Resistencia, que ahora intentan hacer propia los bandidos y estafadores progresistas. ¡Que sea entonces una año de luchas y victorias!

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1 comentario

  1. Fabian

    Excelente, profundo… un verdadero libro. Me sumo a comenzar una nueva historia y dejar para siempre los simulacros

    26 enero, 2016 a las 8:24 pm · Responder

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