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Sábado 22 de julio de 2017
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Opinión

· 9 de julio a las 23:04hs

El desafío

Editorial del sábado 9 de julio de 2011 en el Programa Horizonte Sur

Una profecía muchas veces anunciada surge de la propia experiencia histórica contemporánea: que la izquierda progresista nos lleva a un desastre seguro y cada vez menos lejano. En esta hora electoral sin embargo, a ninguna de las diversas y plurales expresiones de la política vernácula, como a sus múltiples y variopintos cómplices, que vienen por detrás en la lista de espera de los arrebatos a la democracia, se les ocurriría pensar en un más allá de las urnas y de un horizonte de promesas funcionariales y prebendarias. Sin embargo, por debajo de las cubiertas del Titanic donde el neocamporismo desarrollista ensaya su mejor orquesta de final de fiesta, se profundiza la crisis y bulle el magma social.

La Argentina entró ya definitivamente en la parábola declinante de su producción energética. De aquí en adelante y teniendo en cuenta que termina el tiempo de la energía barata, todo y especialmente el sobrevivir o malvivir, habrá de ser más y más doloroso para el pueblo argentino… Que debamos traer el gas desde Qatar en barcos cisternas es un despropósito total y desde un punto de vista de la energía de los esfuerzos, resulta una insensatez absoluta. No obstante, continuamos sin saber qué pasa con nuestras propias reservas tanto de gas como de petróleo, si existe interés en buscar otras fuentes, si acaso se han elaborado planes para ajustar los desarrollos del país a las nuevas situaciones de crisis que se avecinan. Lo que si sabemos y es porque lo hemos indagado, es que, los reintegros que se les hiciera durante años a las empresas petroleras se basaron muchas veces en el fraude de premiarlas por el descubrimiento de nuevas reservas que, en realidad, ya se conocían y tan solo se usaron para justificar la devolución de retenciones. Así, de igual manera, las nuevas importaciones desde Qatar en las que seguramente interviniera como gestor Sergio Schoklender, el apoderado de las madres impolutas, no mucho tiempo atrás cuando viajara con sus aviones personales repetidamente a ese país, se realizan sin licitación alguna y a precios fabulosos. Para este neocamporismo desarrollista, cada necesidad significa un negocio y practicarán esa lógica empresaria hasta el último día, en que se ahogarán probablemente tal como le ocurriera al alacrán de mentas.

La manipulación mediática que se practica tanto desde el Gobierno por un lado como por el gran multimedios por el otro, saca a luz de manera funcional, lo que conviene a cada uno de los bandos, a la vez que oculta todo lo que no les conviene que se sepa o se recuerde. Los que no se encuentren casados con unos o con los otros, serán inevitablemente desaparecidos o naturalizados. Fue alguna vez el caso de la censura que sufrimos en la Radio Nacional por el actual equipo de conversos de Clarín que lo gobierna, cuando se nos levantó el programa Horizonte Sur y se nos prohibió la entrada a la emisora… y llamativamente es similar a la actual situación del personal de la Radio, que pese a los paros y a las batucadas con que han escalado su conflicto con la conducción de la Radio, no encuentran el menor espacio en los medios para que la sociedad argentina conozca lo que les está pasando. Lo que les ocurre en última instancia, no es diferente por cierto a la relación que el neocamporismo ha establecido con los sectores de pobreza, con los trabajadores y hasta con la dirigencia sindical. En una dictadura de iguales como la que se instala, el trato hacia los de más abajo, es siempre autoritario, soberbio y discriminatorio, a los pobres se los asistencializa y en casos extremos se les da “de comer”. Si no tienen vivienda se los sujeta a planes para construírselas en las zonas de periferia urbana, pero con los materiales más innobles del mercado de la construcción y por supuesto, siempre con hacinamiento y alevosía… La distancia entre los sueldos de un chico de la Cámpora formado en la Universidad Di Tella o en la de San Andrés, acaso de un comunicador bien dispuesto a sumarse a la comparsa oficialista o de un intelectual servil a la propaganda gubernamental, hace las diferencias y marca las distancias enormes y crecientes, entre la presunta elite privilegiada y los que pagan todavía como clase y como pueblo, el pecado emblemático de haber sido leales y haber permanecido en la plaza aquel primero de mayo del setenta y cuatro… En verdad nunca imaginé que aquellos cascotazos que les arrojáramos desde las gradas de la Catedral, a los apresurados de entonces que vendrían a ser los retardatarios de hoy, cuando se replegaban cerrados sobre sí mismos y con sus banderas negras y sus odios de clase por la diagonal Roque Sáenz Peña, vendríamos a pagarlos 45 años después con el ostracismo y el exilio interno… Tampoco podríamos habernos imaginado que serían capaces de reproducirse como un setentismo tardío, ahistórico y contranatural, en una generación proveniente del neoliberalismo, del menemismo y de la ucedé, tal como lo están haciendo. Que apoyándose en los recursos del Estado, multiplicarían por todo el país los cursos para militantes a fin de procurar los cuadros funcionariales que les faltan, para instaurar la nueva democracia de elite clasemediera progresista que se proponen e imponer en las mentes jóvenes una historia falsificada que justifique a esa generación de travestidos que los conducen y que administran el modelo del Agronegocio, según el interés de las Corporaciones transnacionales.

No, no podríamos haber imaginado semejantes pesadillas que se multiplican parecidas a lo largo de América Latina y que expresan en definitiva, la incapacidad de aquellos que vivieron como un fracaso sus derrotas en el antiguo paradigma revolucionario de los años sesenta y setenta. En muchos casos permanecen aferrados al pasado, abroquelados en sus culpas y en sus intolerancias, incapaces de reflexionar sobre las dimensiones de muertes y dolores incontables que produjeron sus errores en la interpretación de la historia de la que fueron parte.

Hemos hablado muchas veces y en otros ensayos de aquel libro que los guiara y que ahora prefieren no recordar tal como tampoco ahora mencionan al ideólogo Schoklender, me refiero a “Revolución en la Revolución” de Regis Debray. Un libro que no podría haber sido impreso por millones de ejemplares e inundado el continente, si no hubiese tenido el visto bueno de la dirigencia cubana. Que se comprenda a lo que apunto, que no está mal equivocarse cuando se pone el cuerpo, que sí lo está en todo caso, cuando se malinterpreta la propia historia y se la vende como un modelo a imitar y se conduce a muchos al fracaso como hiciera el librito de marras, librito con pretensiones de manual de bricolage acerca de cómo hacer la revolución…. Pero aquello fue el ayer y muchos son los que de aquellos tiempos heroicos han sacado fuerzas para alcanzar a comprender los desafíos ecológicos del presente, las nuevas colonialidades que nos abruman y los nuevos protagonismos jóvenes, libertarios e indignados que, contestatarios y rebeldes, se manifiestan repetidos en diversos países ante situaciones semejantes. El problema ahora son los muchos que, aferrados al poder que siempre desearon y del que ahora disponen a piaccere, continúan confundiendo la emancipación social con una modernidad tardía, los mitos del progreso y del crecimiento globalizado con los ideales que sustentaron cuando fueran jóvenes. El problema son los que, mientras despotrican contra el imperialismo son incapaces de comprender las amenazas corporativas y la invasión china que ocupa nuestros territorios y se suman a la globalización alegremente, hipotecando el futuro de los argentinos no nacidos.

La nueva situación que se configura en la Argentina es de una profunda fragmentación por ausencia total de dirigencia. Los lideres sindicales y los barones del conurbano llevados a empellones por la nueva juventud maravillosa dan pena y vergüenza ajena. Pensar en cómo esta juventud de ejecutivos sin experiencia alguna van a manejar después de octubre, un país en estado de estallido con crisis superpuestas y sinérgicas, pone la carne de gallina. Este es el desafío que enfrentamos y que es importante que tengamos claro, no podemos evitar lo inevitable, pero sí podemos llegar a comprender lo qué nos pasa, esclarecer a otros y organizar la bronca y la lucidez para cuando se generen las nuevas condiciones. Una vez más y tal como en el pasado, la contraseña de quienes nos juramentemos por una Patria para todos, habrá de ser Liberación o dependencia.

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