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Viernes 28 de julio de 2017
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Opinión

· 10 de noviembre a las 09:16hs

Condensando pensamientos

Aportamos algunos pensamientos sobre el fin de la modernidad, esa misma modernidad a la que tanto se encuentra todavía atada nuestra dirigencia y muy especialmente nuestra intelectualidad, y también añadimos algunos pensamientos sobre la liquidez de la existencia y en especial del Capitalismo, que a la izquierda quedada en el pasado le cuesta comprender pese a las veces que el Gordo Grobo ha tratado de explicárselo en relación a lo rural y al uso de la tierra. Que el Capitalismo desmadrado y apocalíptico en una época de final de era y de horrores sin cuento y globalizados produzca dirigencias que intenten reencauzarlo o al menos proveer un cierto control, no solo en los EEUU, sino también en la UE o en Rusia y acaso también en China con Xi, no debería sorprendernos tanto que esas dirigencias sean improvisadas, que sean viscerales o crispadas, tampoco resulta tan sorprendente; lo hemos repetido en el pequeño plano de lo local, cuando el sentido común que ha sido tan pero tan despreciado queda en poder de las derechas. A llorar lágrimas de mujeres por lo que no se supo defender de otro modo y como consuelo y como tantas veces ha ocurrido continuar recitando el estúpido mantra del “no pasarán”…

Tal vez sea el momento propicio para que nos replanteemos el modelo de país diseñado en los noventa, esa Argentina de producción masiva de comodities y exportación de bienes naturales, y no es que aprovechemos la oportunidad para meter nuestro tema más preocupante, sino que resulta evidente la retracción de China y el que en USA con Trump triunfen las políticas anti-tratados de libre comercio (http://www.clarin.com/mundo/gano-Donald-Trump_0_1684031594.html). ¿Qué esperamos nosotros para tomar conciencia de nuestra creciente invalidez? ¿O acaso como según parece preferimos el rol de despotricar contra el neofascismo y continuar siendo los exponentes tardíos y estultos de una modernidad en la que no creen ni siquiera quienes la inventaron?

Según Gustavo Esteva….”El consenso universal sobre el fin de un ciclo histórico se rompe al tratar de identificar el cadáver y precisar lo que estaría muriendo. Acaso el cadáver más duro de roer sea el de la modernidad. Una vertiente del debate, que entre nosotros acreditó sobre todo Bolívar Echeverría, examinó el desencanto con la modernidad, mostró con rigor cómo la negó la dictadura del capital y planteó que lo importante no es completar el proyecto de la modernidad sino inventar otra distinta, la que fue reprimida y negada. La vertiente que me interesa es la que Foucault ilustra mejor que cualquier otro pensador, la que traza el obituario de la modernidad. Como señalé antes, estaríamos en el periodo de caos e incertidumbre que aparece al fin de una era, cuando sus relatos, sus pretensiones, sus racionalidades, sus sueños incluso, han dejado de funcionar, pero no han surgido aún, o todavía no resultan evidentes, los de la nueva era. Con lo que teníamos, con las herramientas conceptuales y meto dológicas que dominaron en los últimos 200 años no podemos entender lo que ocurre y menos aún anticipar la nueva era. En su célebre conversación con Chomsky (http://www.youtube.com/watch?v=hbUYsQR3Mes&feature=related), Foucault nos exige abandonar el marco de ideas y conceptos nacidos en el seno de la sociedad opresora…lo que para muchos implica dar un salto al vacío. Si no es con ellos, con su aparato crítico por ejemplo, ¿cómo vamos a pensar? Si los modos de percibir y experimentar el mundo en que nos formamos no son ya útiles para entender lo que ocurre y mucho menos para imaginar la nueva era y las racionalidades de la nueva era todavía no se establecen, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo pensar hoy lo que está pasando y experimentar los procesos de transformación, si lo de ayer ya no sirve y lo de mañana todavía no llega?

A su vez Según el polaco Zygmunt Bauman en su obra Modernidad Líquida y Fragilidad Humana…. La modernidad líquida –como categoría sociológica– es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados. La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la Web. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante –incierta– y cada vez más imprevisible, es la decadencia del Estado del bienestar. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro.

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