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Martes 16 de enero de 2018
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Opinión

· 11 de febrero a las 18:00hs

No se puede vivir siempre de circo y de milanesas de soja

Editorial del sábado 11 de febrero de 2012 en el Programa Horizonte Sur

Tal como veníamos anunciando, se aceleraron los tiempos del vodevil oficialista. Cómo si alguien le cambiara los ritmos, el espectáculo veraniego apura sus compases, a la vez que se torna imprevisible. Los mismos principales protagonistas de la comedia, improvisan sus textos, tal como seguramente le pasó a la señora presidente al haber anunciado grandes noticias y tener luego, ante la audiencia completa de una oposición sumisa, que componer un relleno de apuro, haciéndonos saber ahora y como gran noticia, que las islas están militarizadas y que se publicará como inédito un informe militar al que el común conoce, desde hace más de veinte años.

No sería extraño por otra parte, que luego de tantos años de asistencialismo y dándonos por cierto el famoso 54 por ciento que los avalaría, nos tomaran por boludos.

Ahora bien, si lo que pretenden, es despertarnos del agobio del verano a los muchos que vivimos sin aire acondicionado y además con un mes siempre más largo que los sueldos, creo que lo están logrando, la gente comienza a sacudirse la modorra… seremos boludos pero no nos alimentamos con cianuro ni con glifosato.

El año recién comienza y ya la represión se extiende por toda Catamarca, mientras el país entero observa cómo la policía provincial militarizada trata de proteger de los vecinos a las grandes mineras. Las Malvinas son argentinas pero la Argentina pareciera que no lo es, al menos que no es argentina. Lo extraordinario es que son las mismas mineras que tendrían que haber sido sancionadas por la Ley 26.659, ley aprobada por el Congreso Nacional hace casi un año, y referida a la exploración y explotación hidrocarburífera en las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del sur, y que impediría que las empresa que operan en el territorio nacional puedan a la vez asociarse a proyectos en las islas al servicio de la Gran Bretaña. Esa Ley ha esperado inútilmente que el gobierno la reglamente, pero lamentablemente parece definitivamente cajoneada… Resulta evidente que los negocios y los acuerdos con la minería pesan mucho más para el kirchnerismo que los sentimientos que puedan tener sobre Malvinas. Mientras tanto, Belén, Tinogasta y Amaicha del Valle son nuevos hitos donde se reprime ferozmente a los argentinos de bien en nombre de un proyecto colonial. Como si ello fuese poco, los supuestos referentes políticos de los derechos humanos les aplican a los detenidos la Ley contra el Terrorismo. De esa manera, como en una voltereta trágica de la historia reciente, hemos vuelto a ser lo que fuimos bajo anteriores gobiernos, o sea que de nuevo somos ahora “terroristas”. Lo espantoso es que muchas de las víctimas de ayer son los nuevos represores o los que los alientan, que en el fondo es lo mismo, no golpearán ellos mismos, pero generan desde Carta Abierta y otros ámbitos más o menos académicos, los fundamentos discursivos de la represión y del control social…

Pero, y de nuevo la improvisación, pareciera que de pronto, no todo está perdido. Los hombres de la Presidenta encuentran en Olavaria un minero dispuesto a denunciar a quienes en nombre del ambiente quieren dejar a los trabajadores sin empleo… El supuesto minero arguye ante las cámaras que un puñado de pseudo-ambientalistas, que bloquean la mina la Alumbrera, no son quienes para decidir sobre su derecho al trabajo y que, si las minas contaminaran tal como se dice, ellos no estarían trabajando en ellas. La Señora presidente rápidamente recoge el guante y aprovecha para lanzar una de sus consabidas monsergas acerca del crecimiento y de los derechos de todos y de todas. La comedia alcanza uno de sus picos de mayor éxito televisivo, mientras los diseñadores sociales contratados por el oficialismo, celebran exultantes sus éxitos mediáticos. Lamentablemente para ellos, a poco se sabe que el minero no es minero, sino un importante dirigente sindical, que es el referente del Partido Justicialista de Olavarría y que el lugar desde el que hablaba no era siquiera una mina sino apenas una calera. No importa, los diseñadores continúan pensando que el pueblo es estúpido y que tan solo el común, es capaz de retener algunas pocas frases y otras tantas imágenes. No importa que luego se descubra que el escenario era de cartón pintado, importan solo las primeras impresiones, dado que lo que después suceda se pierde en las confusiones de la indigencia generalizada.

Así vamos por la historia, despreciando a los perdedores, y a puro hacer negocios, con una oposición cada vez más y más entrampada, funcional y hasta cómplice al proyecto de país colonizado. Con cientos de intelectuales sesentones que parecen haber reemplazado definitivamente la crítica que en otra época los caracterizaba, por sus altos sueldos actuales y la promesa de una jubilación de privilegio que, a breve plazo los redima de la vergüenza de tener que chupar las medias cada día, a la vez que ruegan que no los reemplacen los despiadados chicos de la Cámpora antes de que ello ocurra… Al menos tal como le acaba de pasar al ocurrente Martín García, a cargo de TELAM hasta hace un par de días, al que patada en el trasero de por medio, lo reemplazaron sin previo aviso por el verdadero autor del Néstornauta, por supuesto joven miembro de la Cámpora… Apenas un problema de patentamientos en medio de la estupidez reinante y del canibalismo de funcionarios que se lleva a cabo de manera sistemática… Escuchamos en Radio Nacional, otra variante de la alcahuetería preponderante en los medios, que la soja alcanzaría extensiones de 17 millones de hectáreas en el país y el periodista que maneja esa cifra y que entrevista al director de un hospital público, aconseja de manera delicada ante lo que es ya un genocidio declarado, que las autoridades se preocupen de las aplicaciones de tóxicos que las acompañan. Otras fuentes, mientras tanto, hace tiempo manejan la cifra mucho más real de 23 millones de hectáreas de soja, y la diferencia no es poca, inclusive en un país donde todas las cifras son sistemáticamente truchadas, y por lo que sabemos, la sojización no solo expande su frontera agrícola y la sequía por la que atravesamos prueba las consecuencias directas de la devastación ambiental que produce, sino que se nos informa además, que la sojización avanza sobre las islas del Ibicuy en el sur de la provincia de Entre Ríos. El delta entrerriano es un ecosistema sumamente frágil, un ecosistema de islas, que aparte de contener buena parte de los apiarios de toda la Argentina, refugiados allí de la sojización existente en el resto del país y de sus fumigaciones, muchísimo aporta como delta a la generación de agua potable de que se surte la población de Buenos Aires. Hasta hace un par de semanas esas islas estuvieron protegidas por una legislación provincial que prohibía el uso de agrotóxicos. El Gobernador Sergio Uribarri anuló ahora esa legislación, buscando añadir esos territorios al gran negocio de la agricultura de monocultivos, ya sean de soja, de arroz o de lo que fuere, que, como dicen estos progresistas signifique poder sumarlos a la producción de riqueza… con lo cuál dan torpemente por sentado que los otros servicios ambientales que cumplían no lo son… El intento de Uribarri apuntó probablemente a negocios más importantes y más devastadores probablemente que los de la minería, si bien debido a la rápida reacción de la población entrerriana, tuvo que dar marcha atrás con una legislación que proponía privatizar todas las tierras fiscales y las ponía a disposición de las grandes empresas de monocultivos. Pero a nivel nacional y mediático, si bien sus intenciones no pasaron inadvertidas para los que permanecemos alertas, fue un escándalo más en medio de una situación de amenazas generalizadas en que Famatina, la lucha heroica de los pueblos contra la minería y la criminalización de la protesta con aplicación a los detenidos de la Ley contra el terrorismo, supo ganar la atención del común de los argentinos.

Estamos a mediados de febrero de un año que amenaza con ser decisivo para el modelo kirchnerista de hacer setentismo corporativo, la Deuda Externa a la que no se menciona, continúa estando allí como siempre, en los mismos valores que nos dejara el menemismo pese a la incalculable entrada de divisas de la última década, llevándose cada año una buena parte de los esfuerzos de la población argentina. Los discursos progresistas no bastan ya para ocultar tantas mentiras y menos aún para ocultar lo que amenaza conocerse en lo porvenir como una década perdida. Sirven tan solo para aumentar los sentimientos de derrota y desaliento de los argentinos. Pueden continuar inaugurando cada obra tres o cuatro veces, pueden inaugurar lo que no se hizo ni jamás se hará más allá de colocar la piedra fundacional, pueden lograr enormes éxitos mediáticos a puro profesionalismo bien pagado, pero no se puede vivir siempre de circo y de milanesas de soja.

Nuestra relación con China es clara y lo es cada vez más: el noventa por ciento de lo que les exportamos son materias primas sin ningún valor agregado. Lo que de ellos importamos, el noventa por ciento son productos industriales. Evidentemente, estamos repitiendo en el siglo XXI la misma dependencia colonial que tuviéramos con la Gran Bretaña a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Con una situación aún más perversa todavía, aquellas dependencias aún se mantienen y lo prueban las actuales relaciones con las empresas mineras, muchas de las cuales son británicas u operan en las islas usurpadas, con absoluta impunidad y a pesar de los discursos.

Jorge Eduardo Rulli

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