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Viernes 28 de julio de 2017
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· 18 de mayo a las 11:59hs

Carta del GRR al Santo Padre Francisco – Abril 2013

Buenos Aires, Rep. Argentina, Abril 2013

Estimado Santo Padre Francisco,

Ante todo queremos saludarlo con afecto y felicitarlo por haber sido elegido Obispo de Roma por el Colegio de Cardenales, para presidir en la caridad a todo el Pueblo de Dios. También, queremos desearle un ministerio muy fecundo y tal como siempre nos lo pide, rezamos para que pueda llevar adelante la tremenda obra que tiene por delante.

Ahora, quisiéramos recordarle en este escrito, cuando nos recibiera alguna vez, acompañados por Mario Cafiero y por su esposa Amalia, en el Arzobispado de Buenos Aires. En aquella ocasión, le presentamos las conclusiones de una larga campaña que llevábamos como Grupo de Reflexión Rural, contra las fumigaciones con agrotóxicos y que denominábamos PAREN DE FUMIGAR. Ese día le expusimos las consecuencias dolorosas que habíamos registrado a lo largo de varios años de relevamiento y de resistencia, respecto a un modelo de monocultivos y de agricultura química, expulsión de poblaciones, contaminación del ambiente y por lo demás, la comprobación que más nos afectaba, la de haber hallado gravísimas y extendidas consecuencias sobre las poblaciones, en especial sobre los niños.

No correspondía tal vez exponerlo entonces para no abrumarlo, pero sí corresponde hacerlo ahora, dada las responsabilidades a nivel Planetario que deberá afrontar como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Lo que entonces le presentamos, correspondía a la aplicación en la Argentina, del modelo productivo y de vida implantado en esta fase de la llamada Globalización Económica. Nos referimos a lo que desde una perspectiva rural denominamos como el modelo de los Agronegocios, parte del modelo extractivo de destrucción de vida, paz y felicidad de los pueblos. Ese modelo implantado en la Argentina en los años noventa y sobre las ruinas dejadas por el Terrorismo de Estado, implicaba una economía agro/exportadora de comodities y de materias primas, para satisfacer las necesidades de los mercados globales. Al menos en nuestro país, el modelo consistió en la decisión política de que el país que, alguna vez había sido granero del mundo y productor de alimentos sanos y de alta calidad, se transformara en un productor de forrajes, de piensos para los animales de Europa en primer lugar y de China más tarde. Estas decisiones fueron tomadas a espaldas de los argentinos, tal como similares medidas se han tomado a lo largo y ancho del Planeta a espaldas de la opinión pública, sin que los pueblos pudieran decidir libre y soberanamente las formas de producción y de vida que les garanticen una existencia digna, con amor y cuidado por la Creación. Se trata de sumisiones a Corporaciones transnacionales, sumisiones que, no dudaríamos en afirmar, implican nuevas y más terribles colonialidades.

En la Argentina, los monocultivos de soja y de otras semillas genéticamente modificadas han ido avanzando con una monstruosa fuerza, imperceptiblemente para los que viven en las ciudades, y trágicamente para las poblaciones rurales que sufrieron su exterminio, alcanzando hoy la pavorosa cifra de 24 millones de hectáreas, ocupando ya una buena parte de las superficies agrícolas. Comienza a entrar en franco riesgo, no ya la Soberanía Alimentaria que se extravió hace años, sino también la seguridad alimentaria de la propia población. Esos extraños desiertos verdes en que imperan las biotecnologías y los derechos de patentamiento de la vida por parte de las Corporaciones transnacionales, para quienes nada es sagrado, han desplazado a millones de personas que, ahora, desenraizados y desterritorializados, se hacinan en las periferias urbanas de las nuevas megalópolis. Marginalidad, fragmentación social, inseguridad extrema, ingesta de comida chatarra, enfermedades emergentes, trata de personas y asistencialismo, narcopoder en las zonas favelizadas, y repetidos desastres ambientales como consecuencia de los cambios climáticos, acentuados por las prácticas agrícolas del desarrollo destructivo, y de la desidia política de los supuestos dirigentes, son la lógica consecuencia de esa urbanización compulsiva que confunde vida en la ciudad con supuestos ideales de progreso. Es el infierno cotidiano al que hemos sido condenados actualmente millones de seres humanos, una sociedad del consumismo carente de todo horizonte sagrado y sin propuestas de porvenir que no sean sucesivas catástrofes.

A nivel planetario, la imposición de estos modelos impulsados por las Corporaciones y los mercados globales han llevado la cifra de hambrientos a bastante más de mil millones de seres humanos, la inmensa mayoría de ellos sometidos además a la expatriación, la desertización de sus tierras, la contaminación de sus aguas o el trabajo servil en las lejanas metrópolis, adónde han debido emigrar abandonando sus raíces y sus memorias. Esta situación no sólo es espantosa, sino que es global, prueba de ello es lo expresado por Monseñor Turkson el 5 de enero del año 2011 “Si los agricultores en África tuvieran mayor acceso a tierras arables fértiles, seguras de conflictos armados y contaminantes, no necesitarían cultivos modificados genéticamente, para producir alimento“. Haciendo que los agricultores compren semillas patentadas, “se reproduce el clásico juego de la dependencia económica” la que de alguna manera es “como una nueva forma de esclavitud“. A pesar de ésto, los diversos gobiernos del tercer mundo, embelezados por las promesas de el supuesto bienestar que el denominado progreso traerá consigo, está entregando las tierras más fértiles a la agro-industria y a fondos de inversión para garantizar la alimentación a los ricos y poderosos con un costo social y ecológico abominable en sus dimensiones de desastre. Esto ocurre en nuestro país, tanto como en África y en Asia. Las poblaciones rurales parecen sobrar en este modelo depredador y genocida.

Cuando verificamos que más de mil millones de seres humanos sufren hambre, estamos refiriendo a cifras pavorosas y es comprensible que la Iglesia como institución rectora de una moral de convivencia social con justicia, se conmueva y se haya preocupado en los últimos años y a través de las Academias Pontificias, para encontrar soluciones, al terrible drama del hambre en el mundo. El riesgo de abordar estos temas cruciales es que en cambio de revisar las situaciones que nos han conducido a esta pavorosa situación, aceptemos la engañosa propuesta de que necesitaríamos profundizar en el camino que llevamos y que, resulta indubitable, nos conduce al abismo de la catástrofe planetaria y de la pérdida de nuestra propia humanidad. Lamentablemente, tememos que sea el camino que algunos religiosos han tomado. En mayo del 2009 y encontrándose SS en Roma, le enviamos un escrito con información al respecto, que lamentablemente, nunca pudimos confirmar que realmente llegara a sus manos. Lo hicimos a través de nuestro Embajador ante la Santa Sede, denunciándole en esos momentos, la llamada Semana de estudio, de Plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo, y que tenía por subtítulo, Restricciones a la introducción de la biotecnología para mitigar la pobreza. Ese encuentro supuestamente científico, se llevaba a cabo en esos momentos en la Pontificia Academia de Ciencias, con amplia participación de representantes de la empresa Monsanto y del biotecnólogo Moisés Burachik a nombre del Gobierno Argentino. Durante semanas, habíamos tratado inútilmente de ser atendidos en nuestra disidencia o de que se nos dejara participar para que se escucharan otras voces, pero no habíamos obtenido respuestas. No es un tema menor. Estamos convencidos que ciertas Corporaciones globales necesitan el respaldo moral de líderes religiosos para impulsar políticas biotecnológicas más audaces todavía que las que han implementado hasta el momento. Esos presuntos éxitos científicos tan promocionados por la propaganda, ocultarían las devastadoras consecuencias de sus políticas empresariales, pero además permitirían olvidar algo sobre lo que cada día existen mayores evidencias: que las teorías que sustentan las manipulaciones transgénicas no solo son obsoletas, sino que estarían absolutamente erradas, ya que parten de supuestos que hoy se ha comprobado no son reales, tal como el identificar de manera mecánica un gen con un determinado carácter. El problema ahora, sin embargo, es el inmenso poder alcanzado por la industria Biotecnológica en el mundo y su enorme capacidad de influenciar conciencias y ganar dirigencias.

De todas maneras y al margen de los posibles riesgos que puedan implicar para la humanidad los OGM, nosotros deseamos en este escrito a Su Santidad, enfatizar nuestro convencimiento respecto a que, el creciente problema del “hambre en el mundo”, no necesita para resolverse más agronegociantes sino, por lo contrario, más y más campesinos, campesinos o al menos pequeños y medianos productores que arraigados a la tierra produzcan alimentos. Este es un tema que como comunidad e iglesia no podemos evadir y en este sentido, es nuestra opinión que las estrategias de la Pontificia Academia de Ciencias, en este campo, deberían ser radicalmente revisadas y aún más todavía: reorientadas, con la inclusión de otros referentes científicos en quienes lo prioritario sea el amor por la vida, por la humanidad y en definitiva por la Creación, y que no se motiven por el lucro empresarial, por la eficiencia tecnológica o por réditos científicos.

En el esfuerzo que lo anterior pueda significar para su Santidad, le rogamos cuente con nosotros y que nos tenga en cuenta para los esfuerzos que resulten necesarios. En los últimos años a través de encuentros ecuménicos y páginas de Internet hemos tratado de difundir conceptos de Ecoteología a favor de que el mundo católico recupere los valores del cuidado de la Creación y la inspiración sagrada en la relación con la Naturaleza y el ambiente. En ese mismo compromiso nos dirigimos ahora con enorme respeto al Santo Padre y confiamos en que nuestra palabra sea escuchada y resulte útil. Nos despedimos solicitando su paternal Bendición.

Adolfo Boy, Stella Semino, Lilian Joensen, Fernando Rovelli, Federico Aliaga, Jorge E. Rulli
GRR Grupo de Reflexión Rural

English version

Buenos Aires, Rep. Argentina, Abril 2013

Your Holiness,

Firstly, we offer our affectionate greetings and congratulations on your election as Bishop of Rome by the College of Cardinals. We believe that you will lead God’s people charitably, and hope that your term of office is a rewarding one. As always, we pray that you will be able to carry out the enormous task that you have ahead of you.
We would like to remind you of a meeting we had with you at the Archdiocese of Buenos Aires, where we were accompanied by Mario Cafiero and his wife Amalia. On that occasion, we presented you with the conclusions of a long-standing campaign we were conducting against the use of agricultural toxins for crop spraying. The campaign was referred to as STOP THE SPRAYING and was being coordinated by the Grupo de Reflexión Rural. During our meeting, we told you about the painful consequences of this spraying. We described what we had recorded throughout several years of information-gathering and campaigning against this monoculture and its chemical agriculture model, the forced expulsion of populations, and environmental contamination. The evidence we have gathered has affected us deeply, as we have uncovered the serious and widespread effects and consequences of chemical spraying on entire populations, particularly on the children.

It was not appropriate to expand upon this issue at our meeting, as we did not wish to overburden you. However, it has now become pertinent to bring this matter to your attention, given the responsibilities you bear at a global level in your new role as Supreme Pontiff of the Catholic Church. At our meeting we spoke of the implementation in Argentina of the production model and way of life introduced during this phase of so-called Economic Globalisation. We refer to something that, from a rural perspective, is known as Agribusiness, and is part of the extractive model which destroys the livelihoods, peace and the happiness of rural communities. This model was implemented in Argentina during the 1990s on the back of the ruins left by State Terrorism, and it implied the creation of an agro-export economy for commodities and primary goods to satisfy the needs of global markets. In our country, the model was based on the political decision that Argentina, which had once been the grain basket of the world and a producer of healthy and high-quality foods, would be transformed into a producer of animal forage, firstly, to provide fodder for European livestock, and then for livestock in China. These decisions were taken without the knowledge of the Argentine people. In the same way, similar measures are taken all over the world, behind the back of public opinion, without allowing the population their sovereign right and freedom to choose the methods of production and ways of life that would guarantee them a dignified existence and which respect and care for Creation. It implies subjugation to the multinational corporations, a subjugation which, we have no doubt, will mean new and more terrible forms of colonisation.

In Argentina, monocultures of soya and other genetically-modified seeds have been advancing at a tremendous pace. Although imperceptible to those living in towns, the tragedy is that they have decimated rural populations. The area covered by these monocultures has now reached the terrifying figure of 24 million hectares, and they occupy a large proportion of our agricultural land. What is at risk here is not Food Sovereignty, which was lost years ago, but the food security of the population. These unfamiliar green deserts are governed by biotechnology and the patenting rights applied to life by the multinational corporations. Nothing is sacred to them, and they have displaced millions of people who are now uprooted and deterritorialised. These rural populations are now crowded together around the urban peripheries of the new super-cities. The consequences of the compulsive urbanisation which confuses urban living with supposed progress is responsible for marginalisation, social fragmentation, extreme insecurity, poor nutrition, rising levels of disease, people trafficking, aid programmes, and narco-power in the shanty towns. Additionally, recurring environmental disasters attributable to climate change are made worse by the destructive development practices of this new agriculture and the political disinterest of the supposed leaders. These are the natural consequences of compulsive urbanisation which confuses urban living with supposed progress. Millions of human beings have been condemned to a life in which each day is full of adversity. They live within a consumer society that lacks any trace of spiritual direction, and their future prospects seem to consist of successive catastrophes.

On a global level, the imposition of these models driven by the corporations and the global markets has increased the figures for the world’s hungry to well over a billion human beings. The great majority of those affected have also suffered from expatriation, the desertification of their land, the pollution of their water. Many have been forced to abandon their roots and memories and find work as servants in distant metropolis. This situation is not just appalling, it is also global. The statement made by Monsignor Turkson on 5 January 2011 is evidence of this: “If African farmers had greater access to fertile arable land, safe from armed conflicts and pollutants, they would not need genetically-modified crops in order to produce food”. Forcing farmers to buy patented seeds “reproduces the classic game of economic dependence” which in some way is like “a new form of slavery”. Despite this, numerous Third World governments have been won over by the promises of assumed prosperity that this so-called progress will bring. They are giving away their most fertile lands to agro-industry and to investment funds which guarantee food for the rich and powerful, although this implies social and ecological costs of monstrous proportions. This situation is occuring in our country, as much as in Africa and in Asia. Rural populations seem to be surplus to requirements for this plundering and genocidal model.

The fact that over a billion human beings are suffering from hunger is a shocking statistic. It is understandable that, as an institution acting as a moral compass for justice and social harmony, the Church will be affected by this and, more recently, will have attempted to find solutions to this terrible tragedy through its Pontifical Academies. There is the risk that, instead of addressing these crucial issues and reflecting on the events that have brought us to this dreadful situation, we accept deceptive proposals telling us that we need to continue down the path which will certainly lead us towards the abyss of global catastrophe and the loss of our own humanity. Unfortunately, we fear that some members of the Church have taken this path. In May 2009, when Your Holiness was in Rome, we sent you a document containing information on this issue. Sadly, we were unable to confirm that you had actually received it. We sent the document with our Ambassador at the Holy See. In it we spoke out against a meeting taking place at that time, the Study Week on Transgenic Plants for Food Security in the Context of Development, which was also sub-titled Constraints to Biotech Introduction for Poverty Alleviation. This presumably scientific gathering was taking place at the Pontifical Academy of Sciences and included broad representation from the Monsanto Corporation and the biotechnologist Moisés Burachik, who was representing the Argentine Government. For weeks we attempted, unsuccessfully, to make our disagreement heard, or to be allowed to take part so that other points of view could be heard, but we received no response. The issue in question is not insignificant. We are convinced that certain global corporations need the moral support of religious leaders in order to drive biotech policies which are even more audacious than the policies they have implemented to date. The alleged scientific successes that are promoted through propaganda obscure the devastating consequences of corporate policies. They also overlook the fact that, each day, there is increasing evidence showing that theories on transgenic modification are not just obsolete but completely mistaken, as they are based on assumptions which have now been proved to be false, for example, the mechanical identification of specific characteristics of a gene. However, the current problem is the immense global power of the biotech industry and its enormous capacity to influence thought and to win contracts.

Aside from potential GMO risks to humanity, we wish to emphasise our conviction regarding the growing problem of “world hunger”. The solution will not come from an increasing number of agri-businesses. On the contrary, there is a need to increase the numbers of rural workers and small and medium-sized producers who have long-established links to the land and to growing food. As a community and as a Church, we cannot sidestep this issue. We believe that the strategy of the Pontifical Academy of Sciences within this field should undergo a radical reorganisation. Additionally, it should be re-focused so that it incorporates other scientific points of reference whose priority is a love for life, humanity and for Creation, and who are not motivated by corporate profit, technological efficiency or scientific gain.

This may require some effort from Your Holiness, and we ask that you count on us and keep us in mind to provide any necessary support. In recent years, we have disseminated the concept of Ecotheology through ecumenical meetings and the internet to encourage Catholics to recover their values of caring for Creation and to seek spiritual inspiration in Nature and the environment. We respectfully ask our Holy Father to hear our words and trust that they will be of service. We ask for Your Holiness’ blessing.

Very respectfully,

Adolfo Boy, Stella Semino, Lilian Joensen, Fernando Rovelli, Federico Aliaga, Jorge E. Rulli
GRR Grupo de Reflexión Rural

2 comentarios

  1. pablo cabo

    muy buena carta. ojalá todos los dirigentes pudieran tener acceso a ella y empezar a hablar este tema, sin negociar el cuidado de la naturaleza y la creación.
    genial, siguiendo la idea que escuché en la asamblea de pueblos fumigados en alberti, hoy hablé con el párroco de 25 de mayo -cerca de alberti- sobre esta problemática y me comentó que ellos pueden hablar a las conciencias de los fumigadores, y productores. a lo que le recordé-comenté que cuando la iglesia quiere puede, le recordé que muchas armas del ejercito de los andes lo hicieron los curas, ya que es un cura europeo. Georgio, (el que sabe labrar la tierra)se llama. Se mostró dispuesto a ayudar a cuidar la creación.. saludos y muy bueno el programa de volver a la tierra!. pablo cabo. (dde la plata)

    18 mayo, 2013 a las 10:46 pm · Responder
  2. pablo cabo

    muy buena carta. ojalá todos los dirigentes pudieran tener acceso a ella y empezar a hablar este tema, sin negociar el cuidado de la naturaleza y la creación.
    genial, siguiendo la idea que escuché en la asamblea de pueblos fumigados en alberti, hoy hablé con el párroco de 25 de mayo -cerca de alberti- sobre esta problemática y me comentó que ellos pueden hablar a las conciencias de los fumigadores, y productores. a lo que le recordé-comenté que cuando la iglesia quiere puede, le recordé que muchas armas del ejercito de los andes lo hicieron los curas, ya que es un cura europeo. Georgio, (el que sabe labrar la tierra)se llama. Se mostró dispuesto a ayudar a cuidar la creación.. saludos y muy bueno el programa de volver a la tierra!. pablo cabo. (dde la plata)

    18 mayo, 2013 a las 10:46 pm · Responder

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