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Martes 21 de noviembre de 2017
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· 7 de marzo a las 16:48hs

Gustavo Grobocopatel y su empresa Bioceres, como difundimos la semana pasada, será el principal beneficiario comercial de las nuevas semillas resistentes a la sequía que se comercializarán en el futuro (cabe agregar que dichos beneficios también se compartirán como regalías con Arcadia Biosciences y el Estado Argentino). Lo dijimos muchas veces: G. Grobocopatel no sólo es uno de los principales beneficiarios del modelo sojero, sino que además es uno de los más lúcidos difusores del paradigma tecnocientífico sobre el que se asientan las actuales políticas de estado (es decir, impulsadas por el gobierno nacional) tendientes a profundizar el actual modelo neocolonial de los agronegocios. Vale la pena leer esta nota de opinión publicada en Clarín, en la que Gustavo Grobocopatel expresa su "orgullo para la ciencia argentina" y celebra como "sinónimo de esperanza" el descubrimiento y el patentamiento del gen que permitirá la expansión de monocultivos transgénicos a zonas semiáridas.

Un avance de nuestra ciencia y de la esperanza

POR GUSTAVO GROBOCOPATEL PRESIDENTE DEL GRUPO LOS GROBO

HB4 parece el nombre de un juego, o la clave para conectarse a Internet, pero es el nombre de un factor de transcripción (construcción genética) que hace que las plantas toleren más la sequía entre otros estreses abióticos.

En un mundo que coloca en la agenda el problema del hambre y el cambio climático, HB4 es sinónimo de esperanza.

También es un orgullo para la ciencia argentina , que nos ha acostumbrado a maravillosas sorpresas, ya que el descubrimiento fue de una científica argentina, que trabaja en una Universidad pública (Universidad del Litoral) y dentro del sistema científico tecnológico público (CONICET). Su nombre es Raquel Chany su historia simboliza mucho la de nuestra argentinidad. Raquel es hija de inmigrantes, estudió aquí y en el exterior y se sobrepuso a muchos obstáculos con pasión, inteligencia y generosidad.

Raquel Chan descubrió en las plantas de girasol una construcción genética que, colocada en otras plantas, les confiere tolerancia a sequía . Se comprobó, hasta ahora, que estas plantas genéticamente modificadas pueden producir un 30% más, que las que no lo fueron, en condiciones de falta de agua.

Del girasol no sólo cosechamos sus semillas y su aceite, también cosechamos sus genes. ¿Quién podría suponer hace pocos años que el girasol, donde Argentina ha sido líder mundial en el comercio de su aceite, podría entregarnos algo que podría solucionar gran parte de los problemas que tendrá la humanidad los próximos años? La historia es cercana a mis afectos porque el girasol fue traído a la Argentina por inmigrantes rusos a fines del siglo XIX, gesta de la que participó mi abuelo.

Algunos rasgos hacen a esta historia más atractiva: Bioceres, la empresa que financió y desarrolló junto a Raquel este emprendimiento, está formada por más de 220 empresarios y empresas argentinas, entre ellas 2 cooperativas, que han generado un modelo de organización y negocios único: una “cooperativa de la sociedad del conocimiento”, con una gestión moderna, participativa y que se integra a las grandes redes globales del conocimiento.

Actualmente Bioceres impulsó un convenio con una compañía americana, Arcadia Biociences, para expandir esta solución y otras más a todo el mundo. El resultado es la creación de una de las 3 plataformas de eventos genéticos destinados a la soja más grandes del mundo. Argentina exportará conocimientos y participará de una mega construcción colectiva donde la ciencia y los agronegocios ofrecen nuevas soluciones a los problemas de la humanidad.

Si uno estuviera distraído podría pensar que una soja tolerante a sequía tal vez sea el acta de defunción del girasol, pero en estos días por casualidad se está desarrollando en Argentina el 18° Congreso de Girasol organizado por la ISA (International Sunflower Association). Más de 500 científicos del mundo debaten e intercambian experiencias sobre los avances en el conocimiento de este cultivo y uno no puede dejar de maravillarse sobre los avances en el control de enfermedades, de estreses, en las mejoras de la calidad de los aceites y en la genética. Historias de personas y cosas que hacen que el futuro suceda.

Fuente: Clarín.com

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