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Sábado 18 de noviembre de 2017
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Opinión

· 26 de julio a las 10:39hs

Archivo: Junio 2009, Agresiones de Jorge Lanata

FRENTE A LAS AGRESIONES VERBALES SUFRIDAS POR PARTE DE JORGE LANATA, EN SU PROGRAMA DDT, EN EL CANAL 26

En esta semana que pasó, el periodista Lanata nos hizo saber que le interesaba debatir en su programa televisivo, sobre el tema del glifosato y de las fumigaciones. Nos llamó la atención su repentino interés, dado que en los últimos años jamás fuimos entrevistados sobre el tema en sus medios o en sus espacios, y aún cuando sus propios equipos alguna vez nos entrevistaran, debieron confesarnos luego, que Lanata había decidido cancelar la nota y que, frente a lo ecológico sentía un manifiesto desinterés. Como si estas experiencias negativas, a lo largo de muchos años fuesen poco, algunas semanas atrás un hecho casual ratificó esta opinión nuestra sobre su persona, ya que al anunciar el informe de Pueblos fumigados, uno de los primeros medios con que nos conectamos fue el diario Crítica, que Lanata conducía. Algunos periodistas se interesaron en anticipar el informe, pero conociendo el paño, nos pidieron un tiempo para consultarlo con la dirección del periódico. La respuesta fue rotundamente negativa, una vez más primó el desinterés de Lanata, tanto por el informe como por los impactos producidos por las fumigaciones. Qué estaba ocurriendo ahora, entonces, para que de la producción de Lanata, nos llamaran con tanta urgencia y reclamando nuestra participación? Simplemente, que las tapas de algún medio gráfico, la polémica entre el informe de los laboratorios del CONICET y el exabrupto del Ministro de Ciencia y Tecnología, en medio de la creciente tensión preelectoral, habían creado las condiciones para despertar su interés en nosotros.

Lo que se nos pedía, por parte de la producción, tanto al Dr. Kaczewer como a mí, era que nos sentáramos delante de cámara con el Dr. Víctor Trucco, nuestro viejo conocido de AAPRESID y actual directivo de BIOCERES SA, la empresa que preside Gustavo Grobocopatel. Lo que se pretendía era que polemizáramos con él, para que, presuntamente, esclareciéramos al público, en realidad, léase al susodicho presentador televisivo, sobre qué “pasaba” con la soja. Le respondimos que si creía poder repetir con nosotros, el circo que antes hiciera con Fernando Peña y con DElía, estaba muy equivocado. Que, considerábamos que para Lanata, dado su prolongado desinterés de años por el tema, se había agotado el tiempo de comprender qué pasaba con la soja, y que nosotros por principios no nos sentábamos a debatir con los sojeros responsables del diseño de este modelo de país, de la misma manera que los grupos de derechos humanos no se sentarían a polemizar con los genocidas sobre la desaparición forzada de personas. Se irritó por nuestra respuesta y más allá de lo que haya dicho de nosotros ante las cámaras, que poco nos importa viniendo de quien viene, sí nos produjo gracia su cólera sobreactuada y la afectación a su supuestamente invulnerable soberbia de periodista y de conductor televisivo estrella.

Lo que nos preocupa, sin embargo, es la cantidad de personas, de compañeros y de buena gente que no comprendió, y que nos interpeló acerca de cómo podíamos “perder” una semejante ocasión de exponer el propio discurso en televisión, oportunidad ante la que parece deben rendirse siempre las propias banderas… Se preguntaban estos amigos, si acaso nos habíamos amilanado o atemorizado ante el desafío de confrontar con los sojeros, e inclusive tuvimos que enfrentar el reproche de haber desaprovechado una oportunidad como la que se nos ofrecía, por parte de algunos que, siendo las víctimas del sistema y del modelo productivo, esperan y confían en aquello que se dice desde la cajita mágica. Lo lamentamos, y es por ello que nos obligamos a estas explicaciones que retoman prácticas de relaciones y de actuación pública que el GRR ha discutido y resuelto como doctrina, hace muchos, pero muchos años. Estamos acusando a este modelo productivo de agrogenocidio y de llevar a cabo crímenes de lesa humanidad, no podemos fraternizar en una mesa de debates con aquellos que quisiéramos llevar ante la Justicia por ser responsables de externalidades o daños colaterales, que se han cobrado miles de víctimas entre las poblaciones de las zonas sojeras. En esas mesas de debate que gustan organizar algunos periodistas bajo la justificación de escuchar las dos campanas, de hecho se equipara a las víctimas con los victimarios, se coloca en un mismo nivel a los que no han tenido nunca voz con aquellos otros que durante años han dispuesto de todos los recursos del poder, y lo que es mucho peor, en esas mesas o paneles se perpetra la siniestra alquimia de legitimar a los responsables de un modelo injusto, minero y devastador de la Naturaleza.

Si aceptáramos sentarnos a debatir, en una misma mesa con los responsables del modelo o de la instalación biotecnológica en la Argentina, no solo los estaríamos legitimando, sino que asimismo los estaríamos transformando de enemigos en adversarios. Hemos criticado duramente a sectores sociales y de izquierda que no han tenido mayores escrúpulos en aceptar estos convites mediáticos o académicos, el último de ellos fue a un panel con Gustavo Grobocopatel en una Cátedra de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires al que fuera invitado nuestro compañero Adolfo Boy y que también él, rechazara por los mismos motivos que, lo hiciéramos ahora el Doctor Jorge Kaczewer y yo mismo. No podríamos hacer cosa similar a lo que aquellos compañeros a los que les hemos señalado el error. No nos interesan los que incapaces de armar su propio juicio ante una realidad abrumadora, necesitan del torneo de las dos campanas, para ilustrarse sobre un tema que lleva tantos años y que no han querido ver. Los responsables del modelo sojero no son nuestros adversarios, ni tenemos diferencias con ellos que valga la pena exponer en un torneo de oratoria o de cámaras televisivas. Los acusamos de haber impuesto un modelo neocolonial que nos ha convertido en furgón de cola de las Corporaciones como Monsanto, un modelo de agricultura industrial que ha despoblado el territorio, contaminado y agotado los suelos, que ha cobrado miles y miles de víctimas y que ha gozado de absoluta impunidad en contrariar la Constitución Nacional y las leyes provinciales, aprovechando las ventajas de un Estado ausente o de un Estado cómplice. Ahora, justamente ahora, cuando se multiplican las voces autorizadas que dan pruebas, tanto en la Argentina como en el mundo, de que teníamos razón en todo lo que decíamos, mal haríamos en aceptar ser sentados a la Mesa Redonda de Lanata o de quién fuera, para legitimar a los sojeros y transformarlos de enemigos a los que pretendemos enjuiciar, en adversarios con los que aspiramos tan solo marcar algunas diferencias de opinión o de apreciaciones acerca de la realidad…

Del Editorial de Horizonte Sur, en Radio Nacional AM.

Domingo 7 de junio de 2009

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