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Sábado 27 de mayo de 2017
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Opinión

· 26 de mayo a las 17:54hs

25 de mayo: resolvamos nosotros lo que podamos resolver

Editorial del sábado 25 de mayo de 2013 en el Programa Horizonte Sur

Nuestro país, pareciera condenado y en variadas ocasiones a lo largo de su historia, a experimentar de manera anticipada, situaciones dramáticas tal como si se tratara de un campo de ensayos o como hemos dicho tantas veces, de un país laboratorio. En relación a la saga de diversos gobiernos progresistas a lo largo de América Latina, es el caso representativo del actual gobierno kirchnerista, en que sus relatos van por unos carriles mientras sus prácticas y objetivos suelen ir por otros, sumamente distantes. Tal vez haya sido la experiencia de haber vivido como país el fenómeno revolucionario del Peronismo lo que nos ha dado al menos en los últimos cincuenta años, esas características tan marcadas de país que se anticipa como lugar de pruebas, país de agudización de los conflictos y de representación esperpéntica de las propias situaciones históricas que, a diferencia del pasado, sirven ahora fines inconfesables. Es que el Peronismo, tanto por sus antecedentes, previos a los entendimientos de Yalta, donde se encontraran Roosvelt con Stalin y con Churchill, y previo por lo tanto, a los acuerdos de las potencias ganadoras, para repartirse el planeta luego de la segunda guerra; por su originalidad, por su radicalidad, así como por su capacidad de innovar y de profundizar en los procesos de liberación nacional de la posguerra, el Peronismo nos marcó históricamente, como un punto planetario de ruptura, que no podía ser descuidado por los intereses imperiales.

No hubo desde aquellos años y más allá de los breves períodos en que regían las duros procedimientos de las dictaduras militares, gobierno alguno que, no importaran sus razones, intentara travestirse con algunas de las banderas que el Peronismo levantara alguna vez, e instalara en la conciencia de nuestro Pueblo. Se dio brutalmente esta situación, en el caso del menemismo con la aplicación impiadosa del neoliberalismo económico, de las privatizaciones y las desregulaciones que abatieron el aparato del Estado e imposibilitaron toda política en defensa de los intereses nacionales. Como si los proyectos antinacionales no pudieran sino camuflarse con los ropajes del peronismo, se vuelve a dar una vez más luego del 2001 con el Kirchnerismo, en que de nuevo un post menemismo ahora travestido de progresista, obediente a los requerimientos de los mercados, intentará cubrir las vergüenzas de los militantes comprometidos, con los ropajes de un peronismo lavado y sin Perón, un neoperonismo progresista heredero de las llamadas tendencias revolucionarias de los años setenta, un neo peronismo tan lavado como la inmensa cantidad de plata que han lavado durante más de diez años, y que para escarnio de la historia de América Latina, se protege con las imágenes de Evita y del Che Guevara.

Habría razones que nos revelarían y acaso explicarían, el que tantos antiguos militantes consideren las políticas de gobierno en sí mismas, desprovistas de causas y de contextos históricos, y excluyendo siempre la posibilidad de otras consideraciones. La principal en ellos, es el olvidar o ignorar el modelo o sistema productivo con que se configuró la Argentina desde los años noventa. Era patente, desde aquellos años y hasta no hace mucho, la desconsideración por parte del grueso de esos “militantes” de izquierda, de la importancia de las bases productivas y de sus efectos sobre la vida política, era notable la ignorancia o el menoscaba a los roles asignados a la Argentina como país productor de comodities y exportador de materias primas; en definitiva, el desinterés en todos ellos, por comprender los nuevos desafíos a que nos sometía la Globalizacion. Durante más de diez años nos miraron con desprecio cuando referíamos insistentemente al modelo impuesto de los Agronegocios y a la Biotecnología como razón profunda de un nuevo colonialismo impuesto a la Argentina. Muchos de ellos nos decían con sorna que luchaban contra el Capitalismo, no contra la soja. Otros afirmaban luchar contra los desalojos de campesinos en las zonas en que la frontera agrícola de la soja empujaba su barbarie sobre las poblaciones rurales y mientras tanto, permitían con su incomprensión y con su estulticia, que el modelo continuara afirmándose y fortaleciéndose en la zona núcleo y en los centro de estudios y laboratorios, donde continuaban formándose sucesivas promociones de ingenieros agrícolas y biotecnólogos, esos nuevos cipayos de una colonización promocionada con bombos y platillos, como la nueva Revolución verde en la agricultura.

Ahora, luego de más de quince años de implantado el modelo, cuando sus consecuencias son indubitables y no pueden dejar de evidenciarse a diario en una Argentina con casi 24 millones de hectáreas de cultivos transgénicos, comienzan a reconocerlas pero como “impactos” de procesos extractivos, con toda esa carga de restar responsabilidades que contiene el concepto de “impacto”, nunca por lo contrario, como “consecuencias” previsibles, secuelas o resultados que se deberían haber debido reconocer y anticipar. Asimismo, el concepto casi neutral y técnico de “extractivismo”, expresado de esa manera y desnudo de connotaciones sociales y culturales, dista de abarcar las nuevas colonialidades que nos preocupan, y a que referimos cuando nos expresamos sobre los procesos de la Liberación Nacional, e inevitablemente exculpa a los gobiernos y funcionarios de turno, en los que tiende a priorizar y valorar los gestos políticos, los discursos y los relatos que construyen para justificar u ocultar sus profundas complicidades con el esquema de sometimiento nacional. No en vano el concepto de “extractivismo” fue brillantemente desarrollado en sus orígenes por Eduardo Gudynas de la organización CLAES del Uruguay que, sugestivamente, integraba la Mesa de la Soja Responsable con los representantes de los grandes sojeros del Cono sur, con otras ONGs adictas y con las Corporaciones granarias.

En realidad, nos tratan de persuadir de que siguen siendo de izquierda y que luchan contra las derechas, y ello en medio de sumisiones globales que igualan indefectiblemente a izquierdas y derechas, porque ambas son conducidas abiertamente por las políticas de los mercados. No comprenden ni les interesa comprender la Globalización, y con torpeza refieren a los viejos manuales que remiten a las experiencias del siglo XIX para justificar que el actual Capitalismo globalizado es, sencillamente el Capitalismo, y que podría continuar luchándose por el Socialismo, tal como siempre se hiciera, de igual manera, ahora en los nuevos marcos de las dependencias coloniales a las Corporaciones transnacionales y a los intereses de los mercados globales. Por eso enfatizan la necesidad de “emanciparse” socialmente, nunca la de Liberarse como conjunto del Pueblo sometido.

En los últimos tiempos, mientras se extiende la contestación y la protesta al Gobierno por parte de amplios sectores de la sociedad, esos grupos, que reproducen los vicios de antiguas militancias, descubren que para comenzar a resolver la fragmentación existente en el campo popular, las organizaciones sociales deberían superar las contradicciones entre los K y los anti K, para concentrarse ahora sí, contra el modelo productivo, combatir el fracking y la megamineria, los desalojos a campesinos y las consecuencias de las fumigaciones. Nuevamente esquivan el bulto a las razones que configuran la colonialidad, una vez más evitan poner la atención sobre la sojización y el consiguiente despoblamiento masivo de los territorios, que ha convertido las ciudades y particularmente las periferias urbanas en inmensas trampas, en que el clientelismo y el asistencialismo hacen estragos en la conciencia del común… y dónde muchos de esas organizaciones reclaman paradójicamente por los derechos a vivir en la ciudad o acaso luchan por el lote para añadir más población a la creciente favelización de los cinturones de pobreza suburbana. Lamentablemente, ahora, además de obviar las razones que ordenan el modelo de los Agronegocios, están abriendo las puertas a un reconocimiento que, de a poco se extiende entre esas organizaciones sociales reiteradamente fracasadas, el de sentarse en la misma mesa con los grupos de choque y de reclutamiento del oficialismo… a los que ahora se comienza a reconocer con timidez, como organizaciones sociales fraternas. Y en este camino de estafa y defección a las propias banderas, ha sido precursora notable la Vía Campesina en la Argentina y todos sus particulares seguidores del campesinismo urbano santiagueño. Se trata en definitiva, de un esquema de pensamiento, de un paradigma de comprensión de la realidad, un paradigma que ha sido hegemónico en el campo de las políticas sociales y de la izquierda argentina a lo largo de los últimos diez o quince años, y que no ha hecho más que ser derrotado una y otra vez, conduciendo la lucha a sucesivos callejones sin salida, a la vez que posibilitando en buena medida con sus acciones distractivas, la implantación del modelo de creciente sojización sobre el territorio.

Ya no podemos dejar de reconocerlo, en especial cuando no son pocos los que, meritoriamente, se esfuerzan por reflexionar y salir de las encerronas a que los someten los esquemas intelectuales en que se los ha formado, esquemas que son herederos del gran fracaso de las luchas populares en los años setenta. Lamentablemente, ese oportunismo discursivo que pretende superar las falsas antinomias K y anti K, seguramente para poder participar aunque tardíamente en el final de la fiesta progresista, está a la vez abandonando a los sectores medios que protestan, en las manos del neoliberalismo y de la moralina que, concentrándose en las actividades delictuales, evita referir a la gran corrupción de traicionar los intereses del Pueblo Argentino. Y mientras muchos se preocupan de los bolsos cargados de dinero de la corrupción y no de lo que a nosotros nos cuesta en vida, en salud y en felicidad esos dineros robados a nuestro patrimonio, son muchos los que parecen haber cambiado el sueño de la Revolución por un plato de lentejas, los muchos que han abierto los oídos al relato que urden los intelectuales orgánicos del sistema y que han cerrado a la vez, los ojos a la pobreza y a la devastación de los territorios.

Pero, resolvamos nosotros lo que podamos resolver y tengamos empeño y patriotismo para hacer cuanto podamos, y paciencia y fe para confiar en que sean muchos los que recojan el mensaje que emitimos. Apelemos asimismo, en este 25 al espíritu de mayo, ese espíritu de mayo que alguna vez hace más de dos siglos, reunió en la emblemática plaza a una muchedumbre airada y reclamante de participación y de conocimiento de lo qué se trataba en la vida pública. Estamos convencidos que deberemos enfrentar una vez más y no a muy largo plazo, situaciones extremas que pondrán a prueba como nunca las reservas morales de nuestro Pueblo y su capacidad de innovación y de inventiva para sobrevivir. Estamos convencidos que la crisis energética y los cambios climáticos barrerán inevitablemente con las previsiones y con los esfuerzos de una dirigencia parásita que, en estos momentos, tan solo se preocupa por obtener las cajas necesarias para llegar a octubre y revalidar sus controles y hegemonías por un tiempo más, el tiempo necesario para consumar con impunidad los proyectos biotecnológicos que les han encomendado Corporaciones como Monsanto, y organizar sus retiradas personales en los paraísos fiscales donde guardan sus miserables bienes mal habidos. Y por último, que ese espíritu de mayo nos acompañe en las próximas e inevitables puebladas que se avecinan y porque podamos transformarlas en combates por la Liberación Nacional.

Jorge Eduardo Rulli

2 comentarios

  1. Juan de Dios Romero

    PEÑA POLITICA REABRIÓ BERGOGLIO EN EL VATICANO
    Por: Ignacio Zuleta
    30 de Mayo de 2012. Ambito web.-

    Francisco apareció en el comedor de Santa Marta, se sacó el solideo y sonrió. ¿Trajeron eso? El grupo de argentinos que lo esperaba para almorzar se abalanzó sobre el Papa y le entregó lo que esperaba: varias cajas de alfajores Havanna, debilidad criolla del Santo Padre que no se consigue en Roma y que se ocupa de proveerse a través de los numerosos visitantes que recibe en la residencia de los cardenales que eligió como vivienda definitiva. Fue el viernes, a puertas cerradísimas y con el grupo que solía reunirse los viernes con él en Buenos Aires reanudó la peña con amigos, entre ellos varios sindicalistas que no se ruborizan al llamarlo “jefe”. Ante ellos, una representación de la oposición, habló poco de la Argentina, pidió unidad, dijo que a Cristina de Kirchner la vio bien, explicó que en viajes debe repartirse entre los cinco continentes y bajó al candidato criollo a manejar el Banco del Vaticano.

    Jorge Bergoglio, en privado, hoy es inaccesible como todo Papa, pero cumplió la promesa de recibir a este grupo que lo tiene como principal referente y al que consulta sobre cuestiones políticas y de las otras, como que no le hagan faltar los alfajores, esta vez acompañados de un par de botellas de vino italiano compradas de urgencia. ¿No me trajeron vino argentino? No, exageró uno, estos tipos te incautan todo, una evocación de cepos que no pudo explicar mucho pero que a nadie le molestó.

    El almuerzo, que se extendió por más de cinco horas, consistió en un austero servicio de pescados y verduras, a tono con la sobriedad de la residencia, una construcción nueva, con aire minimalista, que evita los fastos que se le atribuyen a la corte vaticana. Los que estaban, privilegiados desde hace años por la intimidad del Papa: Oscar Mangone, secretario del sindicato del gas; José María del Corral, un pedagogo que acompaña a Bergoglio en los temas educativos y que dirige el Instituto San Martín de Tours; Luis Liberman, otro experto en asuntos educativos que fue director de Educación de Gestión Privada durante el Gobierno porteño de Jorge Telerman; el rabino Daniel Goldman, de la comunidad Bet El, a quien la comunidad judeo-argentina no termina de calificar de conservador o de progresista; y Omar Abul, un referente de la comunidad islámica que ha pasado años en entidades y publicaciones culturales; fue también funcionario de Telerman en el área de vivienda y hoy tiene una silla en la Corporación del Sur que maneja el presidente del PRO nacional, Humberto Schiavoni. Había esposas y a ellas les dedicó el Papa la sobremesa, que se extendió como en cualquier peña política y terminó, clásico de la casa, con reparto de rosarios y una decena de bendiciones a objetos llevados por los visitantes para su santificación.

    La charla fue de amigos, sin honduras políticas, y con un Bergoglio reticente a hablar de minucias criollas pese a que se trataba de un padrón más bien opositor. Quien podría haberse dicho más cercano al kirchnerismo -el rabino Goldman- se convirtió en un crítico del Gobierno cuando firmó el memorando con Irán por el atentado a la AMIA. Liberman y Abul se han olvidado de Telerman -hoy funcionario de Daniel Scioli- y justifican su trayectoria en que llegaron a aquellos cargos por indicación de sus respectivas comunidades. Para evitar que la lengua se deslizase más allá de lo que puede permitir quien conduce una Iglesia universal, Francisco reseñó la visita de Cristina de Kirchner en términos positivos. Fue bueno que viniera, recordó. “Además la vi muy bien”.

    Dio espacio para que le contaran, cual informe a jefatura, la situación del país antes de las elecciones, del sindicalismo y de la opinión pública. En todos esos temas el cuento incluyó detalles de la influencia que tiene en la Argentina la elección de un papa argentino. La respuesta, sintética, fue casi de homilía: hay que evitar las fracturas, hay que buscar la unidad a toda costa, en los partidos, los sindicatos, las organizaciones. Para los pastores del catolicismo no hay peor daño que el que produce el escándalo, y el escándalo siempre surge de la desunión y produce más desunión. Es una forma de ver la vida pública algo antigua y que replica formas convencionales de mediación, pero que contradice la ideología del populismo a lo Laclau, que instruye a los caudillos a que fomenten la contradicción y la pelea como forma de acumular poder. Lo que ilustra el dicho predilecto de Néstor Kirchner: hay que pegarle al chancho hasta que aparezca el dueño.

    La mesa, criada en el espanto al escándalo, acordó en esa necesidad y todos aportaron más anécdotas y recetas sobre la desunión y cómo superarla.

    Pasada una hora, la charla era ya de una llaneza doméstica increíble si se piensa que, en la cabecera, había un monarca; recuerdo de amigos, alguna chanza, y también el cotilleo de actualidad. ¿Viajes a la Argentina? No este año, el que viene veremos. No se olviden que soy el Papa de todo el mundo y en materia de viajes tengo que compensar entre los continentes, no sea que digan que prefiero a América Latina. Tengo que ir a Brasil este año y tengo que buscar algún argumento para repetir continente el año que viene.

    Circulaba ese día la especie de que la alianza Carrió-Pino en la Capital Federal tenía alguna señal de Roma; no positivo, escueto. Más dio la noticia de que Alfonso Prat Gay podía convertirse en el banquero del Vaticano, que circula desde que Bergoglio asumió y que el dipu-economista saludó con un brindis (“sería un honor que me llamaran”). Nunca estuvo cerca de acá, se escuchó en la mesa. Definitivo y sin menciones de Victoria Donda, hoy socia del ex Banco Central.

    También preguntas de ocasión. ¿Trajo argentinos? No, sólo tengo a Guillermo Karcher, que estaba aquí en Ceremonial desde hace años y que lleva la correspondencia. Es el hombre para que me llegue algo más que rápido. Y hay otro muchacho argentino, pero nadie retuvo el nombre. ¿Se viste siempre de sotana blanca? Mi obligación es estar siempre de sotana blanca y con el solideo puesto, pero acá entre amigos eso no va.

    La salida con fotos y más bendiciones fue, ese viernes, un hasta pronto. Volvieron a verse ayer todos cuando el Papa hizo la recorrida por la plaza ante 90 mil curiosos, bajo la lluvia y el viento que le hizo volar el solideo, que recogió oficioso un camarlengo. Lo esperaba el mismo grupo del viernes con algunos argentinos que hubieran querido estar en el almuerzo, pero que no tiene en el juramento de sangre de la peña que ha conservado Bergoglio desde que era obispo de Buenos Aires que incluye, entre otras cosas, nunca revelar lo que ahí se charla y dice (por ejemplo lo que se cuenta en esta nota). A los cinco matrimonios privilegiados se sumaron en el corralito al que se acercó el Papa el diputado macrista Jorge Triaca con su mujer y Adriana, la que fue la de su padre, el sindicalista del plástico, el Momo Jerónimo Venegas -quien se fue a dormir anoche con la promesa de tener hoy un encuentro a solas con el Papa-, Pablo Moyano que llevó una treintena de jóvenes del sindicato de camioneros que está en Italia jugando un campeonato de fútbol, a quienes Francisco saludó de a uno, y un personaje infaltable en cualquier movida del sindicalismo, el empresario Julio Raele, referente de los metalúrgicos y vinculado al área del seguro, pero que ha alcanzado fama por la calidad de los asados que brinda en el quincho de su estudio.

    Ahí sí hubo fotos para publicar -algunas distribuyó anoche el hijo de Hugo Moyano con la exageración de decir que “el Papa es camionero”- y despedidas para otro reencuentro: este lote de argentinos acompañará hoy a Francisco en la procesión de final del mes Mariano que recorrerá las calles de Roma saliendo de San Juan de Letrán y terminará en Santa María Maggiore.

    30 mayo, 2013 a las 2:31 pm · Responder
  2. Juan de Dios Romero

    PEÑA POLITICA REABRIÓ BERGOGLIO EN EL VATICANO
    Por: Ignacio Zuleta
    30 de Mayo de 2012. Ambito web.-

    Francisco apareció en el comedor de Santa Marta, se sacó el solideo y sonrió. ¿Trajeron eso? El grupo de argentinos que lo esperaba para almorzar se abalanzó sobre el Papa y le entregó lo que esperaba: varias cajas de alfajores Havanna, debilidad criolla del Santo Padre que no se consigue en Roma y que se ocupa de proveerse a través de los numerosos visitantes que recibe en la residencia de los cardenales que eligió como vivienda definitiva. Fue el viernes, a puertas cerradísimas y con el grupo que solía reunirse los viernes con él en Buenos Aires reanudó la peña con amigos, entre ellos varios sindicalistas que no se ruborizan al llamarlo “jefe”. Ante ellos, una representación de la oposición, habló poco de la Argentina, pidió unidad, dijo que a Cristina de Kirchner la vio bien, explicó que en viajes debe repartirse entre los cinco continentes y bajó al candidato criollo a manejar el Banco del Vaticano.

    Jorge Bergoglio, en privado, hoy es inaccesible como todo Papa, pero cumplió la promesa de recibir a este grupo que lo tiene como principal referente y al que consulta sobre cuestiones políticas y de las otras, como que no le hagan faltar los alfajores, esta vez acompañados de un par de botellas de vino italiano compradas de urgencia. ¿No me trajeron vino argentino? No, exageró uno, estos tipos te incautan todo, una evocación de cepos que no pudo explicar mucho pero que a nadie le molestó.

    El almuerzo, que se extendió por más de cinco horas, consistió en un austero servicio de pescados y verduras, a tono con la sobriedad de la residencia, una construcción nueva, con aire minimalista, que evita los fastos que se le atribuyen a la corte vaticana. Los que estaban, privilegiados desde hace años por la intimidad del Papa: Oscar Mangone, secretario del sindicato del gas; José María del Corral, un pedagogo que acompaña a Bergoglio en los temas educativos y que dirige el Instituto San Martín de Tours; Luis Liberman, otro experto en asuntos educativos que fue director de Educación de Gestión Privada durante el Gobierno porteño de Jorge Telerman; el rabino Daniel Goldman, de la comunidad Bet El, a quien la comunidad judeo-argentina no termina de calificar de conservador o de progresista; y Omar Abul, un referente de la comunidad islámica que ha pasado años en entidades y publicaciones culturales; fue también funcionario de Telerman en el área de vivienda y hoy tiene una silla en la Corporación del Sur que maneja el presidente del PRO nacional, Humberto Schiavoni. Había esposas y a ellas les dedicó el Papa la sobremesa, que se extendió como en cualquier peña política y terminó, clásico de la casa, con reparto de rosarios y una decena de bendiciones a objetos llevados por los visitantes para su santificación.

    La charla fue de amigos, sin honduras políticas, y con un Bergoglio reticente a hablar de minucias criollas pese a que se trataba de un padrón más bien opositor. Quien podría haberse dicho más cercano al kirchnerismo -el rabino Goldman- se convirtió en un crítico del Gobierno cuando firmó el memorando con Irán por el atentado a la AMIA. Liberman y Abul se han olvidado de Telerman -hoy funcionario de Daniel Scioli- y justifican su trayectoria en que llegaron a aquellos cargos por indicación de sus respectivas comunidades. Para evitar que la lengua se deslizase más allá de lo que puede permitir quien conduce una Iglesia universal, Francisco reseñó la visita de Cristina de Kirchner en términos positivos. Fue bueno que viniera, recordó. “Además la vi muy bien”.

    Dio espacio para que le contaran, cual informe a jefatura, la situación del país antes de las elecciones, del sindicalismo y de la opinión pública. En todos esos temas el cuento incluyó detalles de la influencia que tiene en la Argentina la elección de un papa argentino. La respuesta, sintética, fue casi de homilía: hay que evitar las fracturas, hay que buscar la unidad a toda costa, en los partidos, los sindicatos, las organizaciones. Para los pastores del catolicismo no hay peor daño que el que produce el escándalo, y el escándalo siempre surge de la desunión y produce más desunión. Es una forma de ver la vida pública algo antigua y que replica formas convencionales de mediación, pero que contradice la ideología del populismo a lo Laclau, que instruye a los caudillos a que fomenten la contradicción y la pelea como forma de acumular poder. Lo que ilustra el dicho predilecto de Néstor Kirchner: hay que pegarle al chancho hasta que aparezca el dueño.

    La mesa, criada en el espanto al escándalo, acordó en esa necesidad y todos aportaron más anécdotas y recetas sobre la desunión y cómo superarla.

    Pasada una hora, la charla era ya de una llaneza doméstica increíble si se piensa que, en la cabecera, había un monarca; recuerdo de amigos, alguna chanza, y también el cotilleo de actualidad. ¿Viajes a la Argentina? No este año, el que viene veremos. No se olviden que soy el Papa de todo el mundo y en materia de viajes tengo que compensar entre los continentes, no sea que digan que prefiero a América Latina. Tengo que ir a Brasil este año y tengo que buscar algún argumento para repetir continente el año que viene.

    Circulaba ese día la especie de que la alianza Carrió-Pino en la Capital Federal tenía alguna señal de Roma; no positivo, escueto. Más dio la noticia de que Alfonso Prat Gay podía convertirse en el banquero del Vaticano, que circula desde que Bergoglio asumió y que el dipu-economista saludó con un brindis (“sería un honor que me llamaran”). Nunca estuvo cerca de acá, se escuchó en la mesa. Definitivo y sin menciones de Victoria Donda, hoy socia del ex Banco Central.

    También preguntas de ocasión. ¿Trajo argentinos? No, sólo tengo a Guillermo Karcher, que estaba aquí en Ceremonial desde hace años y que lleva la correspondencia. Es el hombre para que me llegue algo más que rápido. Y hay otro muchacho argentino, pero nadie retuvo el nombre. ¿Se viste siempre de sotana blanca? Mi obligación es estar siempre de sotana blanca y con el solideo puesto, pero acá entre amigos eso no va.

    La salida con fotos y más bendiciones fue, ese viernes, un hasta pronto. Volvieron a verse ayer todos cuando el Papa hizo la recorrida por la plaza ante 90 mil curiosos, bajo la lluvia y el viento que le hizo volar el solideo, que recogió oficioso un camarlengo. Lo esperaba el mismo grupo del viernes con algunos argentinos que hubieran querido estar en el almuerzo, pero que no tiene en el juramento de sangre de la peña que ha conservado Bergoglio desde que era obispo de Buenos Aires que incluye, entre otras cosas, nunca revelar lo que ahí se charla y dice (por ejemplo lo que se cuenta en esta nota). A los cinco matrimonios privilegiados se sumaron en el corralito al que se acercó el Papa el diputado macrista Jorge Triaca con su mujer y Adriana, la que fue la de su padre, el sindicalista del plástico, el Momo Jerónimo Venegas -quien se fue a dormir anoche con la promesa de tener hoy un encuentro a solas con el Papa-, Pablo Moyano que llevó una treintena de jóvenes del sindicato de camioneros que está en Italia jugando un campeonato de fútbol, a quienes Francisco saludó de a uno, y un personaje infaltable en cualquier movida del sindicalismo, el empresario Julio Raele, referente de los metalúrgicos y vinculado al área del seguro, pero que ha alcanzado fama por la calidad de los asados que brinda en el quincho de su estudio.

    Ahí sí hubo fotos para publicar -algunas distribuyó anoche el hijo de Hugo Moyano con la exageración de decir que “el Papa es camionero”- y despedidas para otro reencuentro: este lote de argentinos acompañará hoy a Francisco en la procesión de final del mes Mariano que recorrerá las calles de Roma saliendo de San Juan de Letrán y terminará en Santa María Maggiore.

    30 mayo, 2013 a las 2:31 pm · Responder

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